Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

martes, 25 de julio de 2017

DEJAR DE QUERER.


En este vivir globalizado y competitivo se nos está olvidando perdonar y ya solo practicamos con asuntos cotidianos de poco nivel. Amar. ¿Qué es amar? Erich Segal en el «superventas» Love Story (1970) decía: Amar significa no tener que decir nunca “perdón”. No suscribo literalmente la frase, pero sí quiero creer que pedir y otorgar perdón es una manera de amar.

Libertad. ¿Qué es la libertad? El Diccionario Español de la Lengua tiene hasta doce acepciones de Libertad. El velero llamado Libertad cargado de desamor –esa cosa tan frecuente hoy posible consecuencia del amor malentendido malinterpretado y posesivo de ayer–atraca cada vez con más facilidad en la isla de nuestras vidas, pero la libertad en sí misma tampoco puede ser la causa. Me pregunto por qué parejas abrasadas de amor un día apagan la llama. Me niego a creer en la conveniencia, el cansancio, la costumbre o el tiempo. Me preocupa la urgencia. Por qué se deja de querer un día. Por qué ya no es posible demostrar cariño.

Levantamos barricadas de silencio cimentadas muchas veces en una sola palabra inoportuna, en un malentendido al que el orgullo niega perdón; pasamos del “sí cariño” al “¿perdona?” inquisitorial desembocando en un buenos días sin respuesta y del café para dos a una taza de «soluble». Acusamos falta de perdón, es cierto, pero, tal vez la respuesta esté en Neruda: Yo la quise, y a veces ella también me quiso […] Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.


Fragmento del Poema 20, Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada de Pablo Neruda.

domingo, 9 de julio de 2017

PORQUE TODO ES IGUAL


A veces, algunas veces, pocas y fugaces, sentimos la necesidad de cambiar el sentido de nuestra vida, de actuar sin red ni espectadores. En ese corto espacio de tiempo, soñamos ser uno mismo apostando por otras formas de vida. Parece imposible –pero así es– que cueste tanto apartarse de la corriente tentadora y fácil de lo cotidiano, el paso del tiempo moldea nuestra vida cuando tendría que ser esta la que se adaptase a nosotros siquiera un poco, dejándonos con nuestros errores, sueños e ilusiones. Pero no. Cuando intentamos salir del guion, nos señalan el espacio que tenemos reservado y la nave de nuestra ilusión hace agua.  En este punto, pensamos que es una (otra más) batalla perdida. Pero tampoco. En esas ocasiones, pocas y fugaces en las que en la casa encendida comprobamos que todas las cosas están exactamente colocadas donde estarán dentro de un año, justo entonces, debemos arrinconar miedos, abandonar monotonías de vida aburrida, reuniones protocolarias, rincones favoritos, indumentaria convencional, relaciones impuestas…, cruzando aun contra corriente, a la orilla opuesta en busca de la luz. Solo así podemos salvarnos. Porque todo es igual y tú lo sabes.

Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año;
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.


Fragmento de La casa encendida, de Luis Rosales.

lunes, 12 de junio de 2017

COMEDIA Y TRAGEDIA


Lo compartían todo, bueno, todo no. Había que aprovechar «el tirón», ampliar, seguir la estela de Inditex; vender, vender y vender, y ya se sabe, los negocios de por sí muy absorbentes, dejan poco espacio al corazón y el amor muere por inanición. Al final de cada jornada, cuando la calma llegaba, las palabras solo eran letanía de trabajo, sin darse cuenta, la grieta se hizo foso y el escudo salvador de la fatiga generó silencios cada vez más prolongados que, alguna vez, solo alguna, rompían en conversación  distante, convencional, fría y hueca más cercana a manual de diplomacia que a calor de pareja. Y así, partiendo de un mismo punto, como las ondas que produce la piedra en el estanque, el espacio entre ellos se iba haciendo mayor.


Era la hora en que los niños juegan llenando con la alegría de sus gritos la calle encorsetada en sus prisas, en la que grupos de jóvenes carpeta con apuntes en una mano y prótesis celular en la otra, comentan los primeros exámenes sobre la alfombra verde,  las fachadas maquilladas de ocaso devolvían –acumulador natural– el calor recibido. A esa hora, espantando con sus pasos palomas que solo en caso de máxima urgencia dicen adiós batiendo las alas para caer sobre la farola más próxima, en  esa u otra calle cualquiera, mirando sin ver, oyendo solo el eco de sus propias pisadas sobre el asfalto contra la pared teñida por el sol de la tarde luchó con su pensamientos varias horas hasta tirarlos en el cauce cercano.


El verano, como siempre, dio paso al otoño, las reuniones sociales cada cual con su cuadrilla (las mujeres solo hablan de trapos y los hombres de futbol) solo prolongaron la agonía. Nos vamos a dar un tiempo –dijeron– y marcharon cada uno por su lado. Al principio el teléfono con más formulismo que entusiasmo tendía puentes sobre la distancia:

- ¿Cómo ha ido el día? Que descanses.


Luego fueron los WhatsApp llenos de buenas intenciones y no pocos reproches. Algunas veces –pocas– se reencontraron en la cafetería camuflando la realidad con sonrisas inútiles. La brisa terminó por hacerse huracán y sus vidas se alejaron sin estrépito de un espacio que no era de nadie. Hubiera resultado inútil todo intento por rellenar el valle que los separaba. Ya era tarde, en el último encuentro ni siquiera se habían despedido. 

Imagen: Christos Georghiou

miércoles, 31 de mayo de 2017

«Alas no evitaba espiar el amor de Juan y Ashma. Miraba a Juan y se veía a sí mismo.» Pasos en la Piedra, de José Manuel de la Huerga.

Semblanza gráfica de «Alas – Juan» carduelis adulto vigila a un juvenil

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 -¿Existe el escalofrío mental? (Olvídalo, no me hagas caso).

La sobrecubierta del libro y algunas reseñas previas –relámpago y trueno– provocan en el desocupado lector un escalofrío ¿razonable?

Barrio de Piedra pequeña ciudad de la meseta vive con intensidad la Semana Santa de 1977. Tras legalizarse el PC en Sábado Santo, aflora el larvado conflicto entre las tradiciones locales y las ansias de libertad.
Pasos en la piedra, José Manuel de la Huerga.

De la Huerga explica:

[…] el denominado «Sábado Rojo», día que «se legalizó el Partido Comunista, con lo que se vivían momentos de libertad y aires nuevos para la democracia», que se mezcla con las «tradiciones de la Semana Santa».
La Razón, Castilla y León (09 marzo 2017).

Semana Santa, «Sábado Rojo», PC legalizado…, con la Iglesia y el Gobernador Civil hemos topado, amigo Paco –me dije– ¿saldrá otra vez el 36?. Pensé apenas leída  la segunda cita en la portadilla:

«En España
todas las primaveras viene la muerte
y levanta las cortinas.»
FEDERICO G. LORCA / JOSÉ VAL DEL OMAR

 -Paco: respira hondo y vuelve a las reseñas. Con la precipitación, nunca buena consejera, has dejado la noticia principal en segundo plano. Lee:

El leonés José Manuel de la Huerga se ha alzado ganador de la XV edición del Premio de la Crítica de Castilla y León, con su obra Pasos en la piedra. El autor ya había estado nominado al mismo premio en cinco ocasiones anteriores.
El Norte de Castilla, Ávila (08 marzo 2017).

 -Pido disculpas al lector por  haber perdido «El Norte» y no traer al recuerdo los grandes momentos con Gamoneda, Esquivias, de Prada, Abella, hermanos de premio con de la Huerga y sigo leyendo.

Pasos en la piedra, no es solo una inmersión en la Semana Santa de un pueblo, es una crónica social y también una muestra de cómo la Iglesia podía transformar a su antojo durante esos días la vida de un pueblo y sus habitantes hasta en lo más íntimo.

Vuelven con Pasos figuras políticas como la  del Gobernador Civil, instituciones como la Falange, agrupaciones como la Extrema derecha, no tan distantes de la sociedad actual, ni tan diferentes de las actuales.

Trae a mientes el Vaticano II, la Teología de la Liberación y los curas contestatarios en la figura del padre Alas; en suma, un periodo de transición en la historia de España que de tan cercano se ha olvidado. Retomo de nuevo con tu permiso, lector amigo, las palabras de José Manuel:

Un día hablando con Rafa Vega, autor de la portada, me hacía una pregunta también muy interesante. ¿Cómo leerá la novela una persona completamente ajena a la Semana Santa, ajena a nuestra vivencia de la transición, a la legalización del Partido Comunista en el año 77? No tengo respuesta para esta pregunta. Y tampoco la tengo  para cómo la lee un joven de ahora mismo.
http://palabrasmenores.info/index.html 
(16 mayo 2016, Entrevista de José Luis Alcalde).

Llego a la conclusión de que la mejor manera de reseñar Pasos en la piedra es dejar que la novela hable de momentos tan delicados como:

La había imaginado desnuda cientos de veces; había tenido en incontables ocasiones en la punta de la lengua  la petición de que posara para él, por dinero incluso. Pero verla ahora, hermosísima a pesar del estado de demencia, destrozada su piel por aquella cantidad de heridas, le había producido tal impacto que se había llegado a marear. (Pág. 165).

Vivencias incomprensibles vistas desde fuera de Barrio de Piedra:

¿Qué gente era aquella que se rebozaba en la sangre derramada injustamente por un malhechor que era aclamado al mismo tiempo como Dios, mientras los poderes públicos se regodeaban en la imposición preceptiva de una sentencia injusta, emanada de la propia institución corrompida? (Pág. 181).

O naturaleza vívida:

El pájaro solitario. Así dicho sonaba a asunto legendario envuelto en un halo de misticismo […] El único elemento constante en la cita primaveral era su canto. […] Dulcemente modulado, más quejoso que el ruiseñor bastardo, con más variedades cromáticas que el verdecillo… (Págs. 60 y 62).

[…] Hasta un tejo sin tronco, cuyas ramas desde el suelo habían cerrado una cúpula espesa en la que Alas se escondía algún día de verano cuando jugaba a desaparecer del mundo. (Pág. 224).

 -Si de algo sirve (a mí me sirvió de mucho) yo sí sé cómo lee Pasos en la piedra alguien que, ahora mismo, no es precisamente joven.

Imágenes: 1/ http://waste.ideal.es/cardueliscarduelis.htm.
                    2/ José Manuel de la Huerga



jueves, 25 de mayo de 2017

GENTE DE A PIE



No sé  si os habéis fijado en que con el arribo de lo políticamente correcto, la frase «ciudadanos de a pie» se aloja en el asilo de las palabras moribundas. Parir el lema debió ser un acontecimiento para tertulianos y políticos.

«Ciudadanos de a pie»

En un tiempo llegó a molestarme, me preguntaba si era una incitación al desgaste de zapatillas a fin de dejar la calle para uso y disfrute exclusivo de los con derecho (de pernada) a la motorización.

Hoy, arrumbada la expresión, pienso en que su verdadero significado está en tantos y tantos hombres y mujeres que van por el mundo mejorándolo con su semblanza a cuestas sin más que su propio ajuar, sin titulares, sin gesta digna de mención.

Hombres y mujeres a los que la vida sorprende cada lunes con el «mono» de trabajo recién lavado bajo el brazo; a diario, con el carro de la compra camino de la tienda de barrio; con un cartapacio de papeles en la puerta de la institución de turno; con la carpeta de la copistería low cost (2 cts. copia A-4 B/N) arropando veinte currículos. Hombres y mujeres que no dejan más rastro en la vida que el de su entorno más próximo y su diario afán, callado y necesario para que el mundo siga caminando.

Son millones los «Ciudadanos de a pie» que cada semana, toman el bus municipal con su «mono» de trabajo recién lavado; cada día van a la compra, educan, venden, derrochan currículos sin respuesta. Millones de anónimos granitos de arena que renuevan la playa de la vida si ser mencionados en los anales de la historia.


                                                                        ¡Viva la Gente!

Imagen: Mundo-Nomada.com

lunes, 22 de mayo de 2017

EMBORRONAR CUARTILLAS.


Con regularidad de estación meteorológica, frecuencia inmisericorde de buzoneo publicitario, o vaya usted a saber, en el cajetín que todos llevamos dentro, se desarrolla (o lo engendra uno mismo) un «no sé qué» no evaluado por los servicios médicos que, incrustado como garrapata nos arropa durante el día como una calima de obstinada y terca desgana. Tal vez, en un futuro próximo, la Seguridad Social lo reconozca, investigue, encuentre tratamiento y el asunto apunte solución.

En tanto esto ocurre bien podrían los laboratorios poner en el mercado un “ibu” para esta suerte de alergia periódica, o Protección Civil, tan atenta siempre a los eventos de masas, colocar barreras protectoras para, al menos minorar el desaliento que de propagarse, paralizaría a buen seguro la ciudad.

Esto suena a desvarío –lo sé– y como esperar sentado ver pasar el cadáver del enemigo no levanta el ánimo,  pongo rumbo al gimnasio en busca de una solución de alcance. El idilio con la cinta de correr con vistas a la cristalera, dura lo que «caramelo a la puerta de colegio» (es un decir). Me divorcio de la estática cuando el sudor nubla mis ojos (o sea, pronto). Las pesas, que no me han hecho nada, están mejor en su soporte esperando a otro culturista.


Camino de vuelta, tiro piedras al río. Probaré a emborronar cuartillas. 

viernes, 19 de mayo de 2017

RETORNO AL PASADO PRÓXIMO. Pasos en la Piedra, de José Manuel de la Huerga.


Dodge 3700 GT (1971-1977)

Parte de las lecturas de este curso han discurrido por la senda de un pasado próximo que, de cerca o a cierta distancia, muchos hemos vivido.

Patria plantea la división en buenos y malos de una comunidad, la vasca, cuya plausible cohesión social rota por el fanatismo político, condujo al acoso de los considerados «diferentes».

A sangre y fuego, escrito en 1937, huye sabiamente del guerracivilismo para situar al lector en el conflicto del 36 retratando tanto a la izquierda como a la derecha desde una óptica antifascista y antirrevolucionaria.

Media vida, recorre con experiencias de mujer el camino que va de un internado de los 50 (también había monjas buenas –dice Care Santos–) a situaciones tan nuevas, treinta y un años más tarde, como la ley del divorcio.

A la inquietante grieta de portada, se asoman en Pasos en la Piedra (última lectura del curso) personajes tan significativos como el Gobernador Civil –Dodge Dart incluido– de una pequeña ciudad de provincia que vive intensamente la Semana Santa en un abril de 1977.

«La primera luna llena de primavera lleva corona de espinas. Se parece a un planeta. Hay un pájaro solitario capaz de remontar el vuelo hasta su altura y arrancarle la espina más honda».
José Manuel de la Huerga, Pasos en la Piedra.


Cuatro ocasiones de revivir el pasado próximo. 

martes, 9 de mayo de 2017

¡¡ Viva la gente !!.



A veces, algunas veces, parece complicado entender este mundo en el que a pesar del caos, las prisas, la presión, estamos tan «a gustito», y digo esto, porque no conozco (yo) a nadie con voluntad firme de abandonarlo motu proprio. Tal vez esa complicación de la que sin lugar a duda formamos parte, nos lleve a despotricar en primera instancia de quienes por su aspecto no encajan (el hábito sí hace al monje) en el perfil fijado por nosotros.

La salida de un colegio, el autobús urbano, una feria, o cualquiera otra aglomeración variopinta en la ciudad, son buen motivo para que el despotrique prolifere. Un motivo puede ser la pareja de padres, ella con minifalda y camiseta de tirantes; él con coleta y pendiente. Otro, el vecino –trasculado  por mor del pantalón– con  barba yihadista y cadenas colgando que no sujetan nada. No se salva de nuestra indiscreta cámara oculta el señor entrado en años con sandalias, camiseta y pantalón bermuda.

Todo esto que parece baladí y propio del chismorreo gratuito, tiene su reflejo cada día en el despotrique de pago de los programas de  telerrealidad que de una manera u otra subvencionamos, si no véanse los índices de audiencia («yo solo veo la 2»).

Tal reflexión viene a mientes en un día cualquiera cuando los gorriones –descarados ellos– buscan algo entre mis pies, bajo el banco del paseo; los chiquillos corren las palomas acompañados de un caniche juguetón; las mamás –tan jóvenes– charlan en grupo al sol; los repartidores se afanan ante el cierre inminente de los bolardos automáticos y la ciudad en fin, vuelve a su prisa sin sentido aparente. Por cierto, de la pareja de padres, ella regenta con éxito una tienda de moda, él tiene cierto renombre en el mundo de la arqueología. El vecino trasculado a decir de sus compañeros, es alumno aventajado en la facultad de Historia. El señor entrado en años disfruta, gracias a toda una vida de trabajo en un banco, de saneada pensión y «pasa» de convencionalismos.


Los gorriones, cansados de buscar, juegan entre las ramas, los chiquillos –con sus jóvenes mamás– vuelven  a casa, el juguetón caniche –atado ahora– sigue sin afán a su dueña, los bolardos, para preservar la tranquilidad del paseo, emergen del enlosado. En el banco vacío queda el despotrique. Conmigo, la convicción de que la  gente es como es, no como parece, que se afana, estudia, trabaja y se divierte; la realidad de un mundo con sus modas, sus prisas, sus tertulianos, su desgobierno, su…,  en el que en el fondo estamos todos tan «a gustito», aunque a veces, algunas veces, nos gustaría cambiarlo.

Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo; (Quito, 1747 - 1795)
Escritor ecuatoriano. 

sábado, 6 de mayo de 2017

Dentro – Fuera.


A veces, algunas veces, se hace difícil enfrentarse a la rutina de la vida, se está mejor, más recogido y calentito dentro de uno mismo. Fuera, en esa vida a la que nos asimos con usura, están: el amigo al que evitamos clavados insulsamente en un escaparate de tattoos y piercings; la bicicleta que, escapada del verano, nos arroja a la calzada con nuestro interior a cuestas; tres señoras que hablando de sus cosas, frenan la prisa que no tenemos; el aullido del camión de incendios que tal vez vuelve de rescatar a un gato enredado en un tejo del parque; el griterío de un ejército de chiquillos jugando al pilla – pilla.

En la terraza de un café tranquilo, de poco futuro, vuelvo al reencuentro conmigo mismo; a mis adentros; a las ocasiones perdidas; al amenazante lunes ¡tan próximo!; al recibo impagado; a la casa vacía…
  • -      Algo me decía que estabas aquí.
  • -      ¡Tuuu!
  • -      Fue una chiquillada. Perdona.
  • -      La culpa es mía, a veces no se escuchar.
  • -      ¡Por favor! Cortado, con leche y dos milhojas de crema.

La vida es, en ocasiones, lo que nosotros queremos que sea.  

miércoles, 26 de abril de 2017

-«IN EXTREMIS». Media vida, de Care Santos.



A veces, algunas veces, al lector le surge la duda. ¿Media vida es una novela?; ¿son dos?

‘Desocupado lector’: hasta la cena (incluida esta) has podido participar de la vida, milagros, vivencias personales, sociales conyugales…, de unas niñas de los años 50, que venidas a mujer, se reencuentran tras treinta años de separación. También, a su reivindicación como mujeres, al conflicto moral y al perdón.

Con la tormenta –lluvia incluida– la reaparición de Julia, aparición de Ramona, el chofer, el accidente salvador que destruye comprometedoras cartas y –valga la expresión– la anagnórisis de Vicentín propenso a los deleites carnales, la novela parece desdoblarse en otra más.

Pero no es asi, Care Santos no dio ayer la clave: ella empieza a escribir «in extremis», desde un final pactado consigo misma. En su esquema por tanto estaba antes de: «- ¡Entra de una vez o empezaremos sin ti!», la figura del hermano lascivo en el Instituto Mental de la Santa Cruz.

Media vida es una novela de mujeres en la que los valores éticos se oponen al egoísmo la fuerza de la costumbre y la apariencia. En ella, el diálogo lo es todo.


¡Gracias Care! 

miércoles, 1 de febrero de 2017

REVIVIENDO EL PASADO. Patria de Fernando Aramburu


Con Patria, Fernando Aramburu cumple con la conveniencia/necesidad que todo escritor tiene/debía tener (utilizaré aquí este modo de expresión complementaria remedando a Aramburu) de escribir por y para la sociedad de su tiempo. Tiempo. Hoy parece lejana la fecha, pero ya/solo hace poco más de cinco años que los medios de comunicación anunciaban el «cese definitivo». Quienes geográfica, laboral, o socialmente estaban más próximos al entorno en que se desarrolla Patria, leerán esta –como  ya ocurriera con la trilogía dantesca de Oscar Esquivias– con otro afán. Los más distantes, podrán asomarse a una sociedad cerrada, recelosa y sujeta a la ley del silencio que durante 43 años fue, para propios y extraños, un mundo diferente y convivir con dos familias enfrentadas por «el conflicto» en las que se dan parte de todas las circunstancias posibles:

  • -      Dos amas de casa (etxekoandreak).
  • -      Sus maridos (uno víctima).
  • -      Tres hijos: médico, escritor, terrorista.
  • -      Dos hijas: una vive alejada con buena suerte, otra atada a tierra y familia por un ictus traicionero.

Cuando se visita un lugar por segunda o más veces se hace este más de uno más familiar, tras reconocer espacios que, motu proprio, hacemos nuestros y depositarios de nuestras experiencias. El entorno espacial de Patria bien pudiera ser: Rentería, Oyarzun, Azpeitia, Azkoitia, Llodio…, Aramburu lo silencia como los apellidos de los protagonistas. Yo lo he situado en tiempo y espacio conocidos pero, de cuyo nombre no debo acordarme:

Mientras que Olatz, la amatxo de Jose Mary preparaba la comida, este, antes cazador que amigo –y de esto lo era y mucho– me hacía conocer el pueblo en su esencia. Llegados a un bar que bien pudiera, pero no era el Pagoeta, cambió Jose Mary la sonrisa habitual por un gesto de silencio:
-Aquí –dijo– hablar solo del tiempo, ni de futbol por si acaso.
Así lo hice.
-Es un amigo, maqueto pero legal.
Sentenció presentándome a la cuadrilla de la que desde aquel momento formaba parte, cuidando siempre el consejo inicial.

La situación, de allá por los años 70 es real, los nombres supuestos, el lugar permanece en los tenebrosos rincones de mi cerebro.
Todos vamos a entender Patria, a vivirla. Algunos a revivirla.
Hasta aquí, la anécdota y el recuerdo, aun toca hablar de Patria en su faceta de construcción literaria.

domingo, 29 de enero de 2017

-¿DE AQUELLOS POLVOS ESTOS LODOS? AL TEATRO LO QUE ES DEL TEATRO.



Matrona o prostituta, sacerdotisa o emperatriz, la mujer en la Antigua Roma era considerada inferior según las leyes y permanecía siempre como una menor, es decir, jurídicamente igual que un niño. Dependía de la autoridad de su padre y si contraía matrimonio, de la de su esposo. De aquellos polvos, estos lodos.
El cuerpo sin vida de una mujer con señales de violencia ha sido hallado esta mañana en una vivienda de la urbanización de El Pocero en Seseña (Toledo). Horas después, la Guardia Civil ha detenido a su pareja, […] la Policía Judicial de la Guardia Civil está investigando la autoría del suceso, así como el grado de implicación del detenido en los hechos.
El País 28 ENE 2017
Casi a diario desayunamos con una noticia como la que precede a estas líneas y la pregunta se impone: ¿qué hacer para detener la violencia contra la mujer? De la duda surgen –políticamente justificadoras las más de las veces– soluciones como el teléfono 016, el alejamiento, la pulsera telemática, etc.; bienvenidas sean estas o cualquiera otra actuación en este sentido pero, quizá debiéramos plantearnos si el problema no hunde sus raíces en una forma de educación, en la relación de poder que la sociedad patriarcal estableció entre hombre y mujer. En el primer párrafo aludíamos a la Antigua Roma pero no es necesario retroceder tanto para encontrar situaciones de dominio de aquel sobre esta. Roberto Cantoral[1] popularizó la canción  El preso número nueve en cuyo contenido hay un mensaje inequívoco:
Al preso número nueve ya lo van a confesar.
Está rezando en la celda con el cura del penal.
Porque antes de amanecer la vida le han de quitar.
Porque mató a su mujer y a un amigo desleal
En 1993 Patrice Leconte[2] estrenó una película con el título La maté porque era mía (Tango). Recientemente el articulista José Confuso se preguntaba: « ¿Hay que acabar de una vez por todas con Mujeres Hombres y viceversa? Se les tacha de machistas […] y con todo llevan ocho años en antena».[3] Sin motivo aparente el cancionero, el cine, la prensa, han hecho mención a la mujer como propiedad del hombre y el teatro ha recogido el aplauso al don Juan burlador desde,  El infamador (1581) de Juan de la Cueva,[4] hasta, por ejemplo, La sombra del  Tenorio (1944) de Alonso Santos.[5]
El tema (más bien sinrazón) que, sin duda existió en el imaginario popular mucho antes de tomar cuerpo literario ha maridado con la noticia al releer El burlador de Sevilla. En la obra –dejando  para mejor ocasión el comentario sobre varias prostitutas y el intento de engaño a otra dama llamada Beatriz– cuatro  mujeres resultan burladas por «el campeón»: Isabela, Tisbea, Ana de Ulloa y Arminta, dos nobles y dos plebeyas «no importa la condición».
Pero… se impone la reflexión.
Los escritores del XVII obligados por espectadores, autores de comedia, actores y su propia subsistencia, reflejaron en Don Juan el deseo de divertimento de la sociedad, decantándose por la «reconocida» superioridad del hombre frente a la mujer como tema teatral. Lo verdaderamente dramático en este nuestro siglo XXI se evidencia a poco que indaguemos: «Desde los 18 hasta los 29 años, la cantidad de víctimas de violencia doméstica crece en España de forma progresiva. Muy especialmente desde los 19 años…»[6].
Al margen de la absurda «igualdad», la sociedad va allanando la senda de las desigualdades. Demos al teatro lo que es del teatro y a nosotros como sociedad, la capacidad de convencer razonando, de poco sirven las órdenes ni los dispositivos electrónicos ante la sinrazón.



[1] Roberto Cantoral García (1935 – 2010) cantante y compositor mexicano.
[2] Director de cine, guionista y actor francés.
[3] Periódico EL PAÍS (2-10-2016).
[4] Poeta y dramaturgo (1543 - 1612).
[5] Dramaturgo, director escénico, guionista.
[6] Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Jóvenes y género el estado de la cuestión, CRS – FAD, 2014

lunes, 23 de enero de 2017

EJEMPLARES POR LO NUEVAS: CERVANTES Y LA MUJER. La gitanilla, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa.


La gitanilla. detalle en el monumento a Cervantes (Madrid)

Rebautizados como Rinconete y Cortadillo; Rincón y Cortado, desterrado aquel, huido este, vienen  a ser dos pillos que ubicados en la particular sociedad de los amigos de lo ajeno buscan la inmunidad bajo el paraguas protector, estrecho y controlado del señor Monipodio.

Las mujeres de Rinconete y Cortadillo son… poco escrupulosas, no muy inteligentes y la honra, para ellas, está en impreciso término. Cervantes las describe con nombres peculiares y anteponiendo –por si hubiera duda– el artículo la junto a su nombre. La Gananciosa y la Escalanta entran con Monipodio: «entraron con él dos mozas […] llenas de desenfado y desvergüenza: […] en viéndolas Rinconete y Cortadillo conocieron que eran de la casa llana y no se engañaron en nada». Después, entra Juliana la Cariharta quejándose del trato recibido por su «novio»: «y allí entre unos olivares, me desnudó, y con la petrina […] me dio tantos azotes que me dejó por muerta». La Gananciosa la consuela al modo y manera que corresponde a su oficio: «Porque quiero que sepas que a lo que se quiere bien se castiga; y cuando estos bellacones nos dan, y azotan, y acocean, entonces nos adoran».

Las mujeres aquí son lo que son: el reverso de la medalla de Las novelas en las que la mayor parte de las damas reúnen todas las cualidades físicas, espirituales y sociales.

Cervantes, obstinado vuelve al robo –de personas y libertades– en La gitanilla. Preciosa, la noble gitanilla, es honesta entre ladrones, limpia entre gente sucia, bella: «Ni los soles, ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo, […] pudieran deslustrar su rostro ni curtir sus manos».
Juan de Cárcamo, deja todo por amor y acepta vivir como el gitano Andrés Caballero con tal de que Preciosa le acepte como esposo: «determiné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme […] pues, es tu gusto que el mío al tuyo se ajuste y acomode, cuéntame por gitano».

Recalcitrante, Cervantes retoma el tema del rapto en La española inglesa con Isabela: «la más hermosa criatura que había en toda la ciudad», obligada a vivir en Inglaterra (enemiga de España al menos en aquellos tiempos) en calidad de esclava si bien en una familia noble de corazón y rango cuyo hijo se la declara. Ella escucha «con los ojos bajos mostrando que su honestidad igualaba a su hermosura y a su mucha discreción su recato». También queda destacada en Las novelas ejemplares la belleza espiritual cuando Isabel (Isabela) pierde temporalmente –Ricardo (Ricaredo) no lo sabe– la belleza física:

«yo Isabela desde el punto que te quise fue con otro amor que aquel que tiene su fin y paradero en el cumplimiento del sensual apetito […] tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro».

Las damas bellas, discretas y nobles aun sin ser de linaje son amadas por sus caballeros. El tema del honor en la mujer merece a los ojos de Cervantes lugar destacado en sus Novelas. La mujer está dispuesta a perder la vida en aras de la castidad, la honestidad y el honor como queda expuesto en otro pasaje de La gitanilla:

«aunque soy gitana pobre y humildemente nacida […] una sola joya tengo que estimo más que a la vida, que es la de mi entereza y virginidad […] Si vos, señor, por sola esta prenda venís, no la habéis de llevar sino atada con las ligaduras y lazos del matrimonio».


  El matrimonio, a veces forzado u obligado era la solución. Los tiempos han cambiado, el mensaje permanece.

lunes, 9 de enero de 2017

LIBERTAD, UNA INMENSA COLUMNA DE AGUA. Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua.


Todo es nuevo bajo el sol que resplandece sobre los rascacielos, cuando el Caballero de Manhattan cuenta a su ayuda de cámara un sueño singular: Entre pasada y pasada de dos aviones que surcaban los cielos, apareciose una pastora engendradora de torres de nombre Marcela, «que de tan compasiva, se volvió habitable para acoger a las almas que en el mundo restaban» tras la destrucción de las dos torres «recias, altísimas, repletas de gente en sus entrañas», sembradas por Marcela y don Quijote.

De este sueño en el que como en todos, se mezcla lo real con lo irreal, lo absurdo con lo sensato, la sensación vivida con el recuerdo brumoso, nacen en don Quijote de Manhattan aventuras y sucesos en torno a la búsqueda de su nuevo amor: Marcela.

Por mor de los cinco siglos transcurridos o la necesidad de un nuevo significado Marina Perezagua cambia a Dulcinea por Marcela. ¿Por qué? ¿Como metáfora de la libertad? Pudiera ser.

La bella Marcela, amor imposible de Grisóstomo (Quijote 1,13) viene a ser una torre de libertad: «yo nací libre y para poder vivir escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura […] Yo, como sabéis tengo riquezas propias y no codicio las ajenas; tengo libre condición y no gusto de sujetarme» (Quijote 1,14). Tras el discurso Marcela marcha sin esperar repuesta, algunos pretenden seguirla pero don Quijote de la Mancha, lo impide: «ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela» (1,14).

Las palabras de la bella pastora encuentran eco siglos más tarde. La grandeza de la libertad ciega a quienes la niegan en pos de la opresión. Este podría ser uno de los mensajes.


A diez páginas del final «convencido de que aquel era el momento propicio de cobijarse en su Marcela, de conquistarla, de penetrarla, de amarla desde dentro», vive el de Manhattan el mayor de sus desengaños: «Marcela pasó de ser sólida a convertirse en una inmensa columna de agua…».