Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

jueves, 16 de noviembre de 2017

MITO, ARREPENTIMIENTO, SALVACIÓN. DON JUAN TENORIO, DE JOSÉ ZORRILLA


Escena de Don Juan Tenorio, en el Cementerio Central de Montevideo.

El mito de don Juan nace en España (sin entrar en discusiones), de la pluma de fray Gabriel Téllez, conocido por su seudónimo de Tirso de Molina. Don Juan, seductor y burlador no pisa por primera vez el escenario seduciendo a una dama, sino tan solo burlándola. Se ha hecho pasar por el duque Octavio para gozar de la duquesa Isabela; y cuando ella se da cuenta de que no es su amado y le pregunta «¿Quién eres, hombre?», él le dará una respuesta que no corresponde a su condición de seductor, sino de burlador: «Un hombre sin nombre». No le queda más que huir porque Isabela empieza a gritar despertando al rey de Nápoles, en cuyo palacio sucede la escena. Así comienza El burlador de Sevilla y convidado de piedra.

La frivolización del mito ha hecho olvidar el trascendente retrato que Tirso de Molina en El burlador de Sevilla hizo de la condición humana mediante ese personaje contradictorio que, empujado por su absoluto egoísmo, enfrenta duramente la esencia del instinto con las creencias religiosas, normas de conducta y leyes –a menudo absurdas– con que el hombre civilizado ha intentado someter ese instinto a lo largo de los siglos.

La acción del Tenorio que se sitúa en Sevilla por los años 1545 últimos del Emperador Carlos V, es trepidante, transcurre en dos noches en consonancia con el dinamismo que define al personaje. En la primera parte don Juan es un joven alocado e impulsivo; en la segunda es un galán maduro pendenciero y apuesto en el que la nostalgia ha hecho mella. El lector, toma así conciencia de que don Juan ha cambiado, ya no es aquel libertino jactancioso sino el arrepentido que por mediación de la amada, ha conseguido vencer al destino. Y aquí conviene destacar como Zorrilla mediante este recurso atrapa al lector. La salvación de doña Inés, depende de la de don Juan. De no arrepentirse don Juan, doña Inés irá al infierno. Paradógicamente, gracias a don Juan, Inés podrá salvarse.

La salvación por amor es la solución cristiana y romántica que Zorrilla dio a su obra y que provocó el entusiasmo del espectador y la popularidad del autor casi de inmediato.


martes, 7 de noviembre de 2017

PURO TEATRO. DON JUAN TENORIO, DE JOSÉ ZORRILLA


Escenografía de la muerte para «Don Juan Tenorio» Salvador Dalí

Nuestra memoria guarda el recuerdo de aquellos Estudio 1 de los años 1968 a 1983, en los que  TVE  reponía la obra de Zorrilla que visionamos desde la perspectiva de espectador. Hoy disfrutada la obra como lector la teatralidad de Don Juan Tenorio nos persigue de manera obsesiva. El Tenorio es: Puro Teatro.

“Corrían los primero meses de 1837, Zorrilla era todavía un desconocido que pasaba los días junto a su amigo y paisano Miguel de los Santos Álvarez, leyendo incansablemente en la Biblioteca Nacional, y las noches en el chiribitil[1]de un cestero. En la Biblioteca les trajo Joaquín Massard la noticia del suicidio de Larra y pidió a Zorrilla que leyera unos versos en el cementerio. Este los compuso aquella misma noche, según cuenta, en su bohardilla a la luz de una vela y con un mimbre afilado que mojaba en el tinte que utilizaba el cestero. En el cementerio de Fuencarral, frente al féretro y al pie de la abierta huesa - como se decía entonces - dieron los poetas su despedida al desventurado "Fígaro". De pronto, un adolescente desconocido comenzó a leer unos versos:

Ese vago clamor que rasga el viento
Es la voz funeral de una campana:
Vago remedo del postrer lamento
De un cadáver sombrío y macilento
Que en sucio polvo dormirá mañana.

A  medida que iba leyendo, cuenta en sus Recuerdos, se me embargó la voz y se me arrasaron los ojos en lágrimas y el marqués de Molíns tuvo que concluir la lectura de mis versos[2]. Al salir del camposanto  Zorrilla era el poeta festejado por todos; González Bravo le llevó al Café del Príncipe, donde conoció a Hartzenbusch y a Martínez de la Rosa. Intimó luego con Espronceda, el periódico El Porvenir le ofreció un sueldo de seiscientos reales y, finalmente, El Español le brindó la vacante dejada por Larra”[3].

El enorme arraigo del  Don Juan de Zorrilla mantuvo hasta hace pocos años la secular costumbre de representar la obra el día de Todos los Santos año tras año, en pueblos y ciudades de España. Las razones del éxito no parecen encontrarse en el dramatismo, el mensaje o el atractivo de sus aventuras, tampoco en que la interpretación del mito de don Juan esté más elaborada que la de otros dramaturgos que precedieron o siguieron a Zorrilla, sino en que es, posiblemente, la más teatral de todas. El pueblo español burgués se vio en ella representado, por lo que podríamos añadir una razón más a las claves de su éxito. En cierto modo la teatralidad viene anunciada en el subtítulo de la obra: “Drama religioso fantástico en dos partes”. A don Juan personaje del Tenorio no le basta con ser conquistador, espadachín, atrevido o burlador. Ha de serlo teatralmente, y este es el gran logro de Zorrilla.




[1] Desván, rincón o escondrijo bajo y estrecho.
[2] Recuerdos de un tiempo viejo Obras completas de José Zorrilla, Tomo II).
[3] Fragmento entrecomillado copiado de: http://www.cervantesvirtual.com/bib/bib_autor/zorrilla/

miércoles, 1 de noviembre de 2017

CUANDO CALLAR ES DISENTIR.


A veces, algunas veces, buscamos el silencio y es normal necesitamos paz, establecer una cita con nosotros mismos sin testigos ni intermediarios, escuchar solo nuestra propia voz. En ocasiones el silencio nos viene impuesto por circunstancias exteriores o usos sociales en los que ni siquiera el rumor es pertinente, pero hay otros como el inquietante silencio de la disensión que germina no como consecuencia del tiempo y la costumbre sino como brote de un conflicto no anunciado cuyo signo externo es la falta de diálogo. Me preocupa esta modalidad de oposición alojada en una más que notoria indiferencia.

Dijo una voz popular con tono de venganza que quien calla otorga, yo diría que en una relación tan próxima, íntima y delicada  como la de pareja quién calla disiente muchas veces por cansancio y es que el silencio reiterado viene a ser un modo de mantenerse cada cual en su postura por miedo, por cobardía o tal vez  de sobredimensionar los problemas hasta que no tengan  solución esperando que “el otro” disuelva la sociedad por hartazgo y poder, en esta forma,  acomodar nuestra espalda a la queja.


Dejadme que diga que  convivir es una necesidad, que si alguna vez amamos merece la pena buscar el consenso, retomar el sentimiento y seguir en la lucha sin perder la independencia, ni la esperanza, ni la paz, ni la sonrisa.

domingo, 22 de octubre de 2017

DERECHO AL PATALEO.


Tras casi un mes de encierro al final del túnel de mil quinientos metros, escaso de luz, sobrado de polvo de carbón y con el solo consuelo de los dibujos de sus hijos y las notas de ánimo que desde la bocamina de “La Victoria” les llevaban con la comida de cada día,  Candi y once picadores más salen al exterior entre aplausos de compañeros activos y jubilados, mujeres y niños que haciendo turnos noche y día les han apoyado desde el exterior.

Visi y Candi, él con un punto de silicosis, llevaban ya un tiempo pensándolo. Con las «cuatro perras» que les dieron al cerrar el pozo, ligeros de equipaje y cargados de dudas dejan atrás postigos cerrados comercio escaso una plaza grande y baldía y la iglesia que en la mañana de invierno parece un buque gigantesco y varado, para atravesar España de oeste a este. En la niebla, las vías parecían tener su origen en la tapia del paseo donde se conocieron: “nos vamos, no hay futuro, el pueblo se muere”.

Los primeros años comían y dormían en su tienda de ultramarinos “Productos de la tierra” –el nombre lo puso Visi– morcilla, queso, cecina, garbanzos, judías…, más tarde, cuando las cosas iban mejor hojaldres y vinos “de la tierra”, de su tierra; lo foráneo convivía con éxito con lo indígena. La pareja que solo vivía para su negocio no se dio la oportunidad de entender lo que era la burbuja inmobiliaria en la Europa del euro y tras un tiempo de alquiler «para hacer un duro» se aventuró en un piso que quedo libre en el barrio. Saben poco, más bien nada, de Theresa May, Donald Trump, el Brexit o el Parlamento Europeo, pero conocen bien a Desi, el sin techo que duerme bajo cartones en el rellano de Obras Públicas y paga con sonrisa bondadosa las puntas de jamón, pan sobrante y alguna que otra fruta que se desliza en el hatillo que  forma parte de su anatomía.

Visi y Candi viven últimamente en un sin vivir. Tradujeron el rótulo de la tienda, las listas de precios y encargaron una nueva remesa de papel de envolver, para adaptarse a la normativa de comunicación visual del ayuntamiento. Ni por esas –o por esas– las ventas han dejado de menguar, dicen que con el autogobierno llegará la abundancia, pero ellos no lo ven, parece como si “los productos de la tierra”, de pronto, estuvieran contraindicados para la salud: ¿”les habremos hecho algo”? Candi,  emboscado en el silencio la alcoba, apretando los puños guarda con urgencia en el bolsillo una carta del banco para que no la vea ella, pasará el lunes, tienen que entender, no han dejado nunca de cumplir: “Lamentamos comunicarle que el recibo de la hipoteca correspondiente al mes en curso no ha podido hacerse efectivo por falta de fondos, rogamos provisión a la mayor brevedad”.


Visi y Candi, que son muy suyos, no entienden el esfuerzo de los gobiernos para instaurar el Estado de Bienestar, tampoco saben nada de la balanza comercial, de reivindicaciones, ni conocen más lucha interna que la de conseguir abrir su tienda de barrio cada día, cerrada hoy por manifestación. Tal vez solo les quede a modo de recurso del pataleo hacer una Declaración Unilateral de Impotencia.

miércoles, 18 de octubre de 2017

DESENGAÑOS AMOROSOS


Desengaño.- “Quitar esperanzas e ilusiones” (Acepción 2 DLE).

No descubro nada al afirmar que gran parte del éxito de la comedia y novela del XVII se fundamentaba en “el final feliz”. Tales obras tenían a juicio de los moralistas poca finalidad ejemplar y mucho de complacencia al vulgo, razón por la cual fue suspendida la concesión de licencias para imprimir de 1625 a 1634. María de Zayas (o más bien su editor) salvado ya (1637) este periodo utiliza el término «novela», posiblemente por razones comerciales, en la portada de la primera serie pero cambia el concepto en el interior: “contasen dos maravillas que con ese nombre quiso desempalagar al vulgo de las novelas…,”. Lo cortés no quita lo valiente y así la segunda parte se intitula: Desengaños amorosos huyendo desde la portada del tópico de la felicidad necesaria y del malhadado término.

Parece interesante una consideración: de las veinte obras contenidas en Novelas, y Desengaños, solo cinco terminan en matrimonio de los protagonistas principales: El imposible vencido, El juez de su causa, La burlada Aminta, El desengaño amando y Al fin se paga todo. En las tres últimas la boda tiene lugar con un segundo pretendiente tras el desengaño con el primero. En Novelas el resto de protagonistas termina huyendo, o buscando la forja de su seguridad entre los muros de un convento. En Desengaños y de ahí la referencia al DEL, nadie se salva. Las diez novelas se cierran con la muerte o ingreso en un convento de sus protagonistas.

El amor con el añadido de cierto contenido erótico (silo XVII) leitmotiv de Novelas, y Desengaños, muestra a la mujer como un ser pasional, fiel, con gran sentimiento del honor y frágil ante la promesa de matrimonio, en tanto que el hombre solo busca el deseo, que, una vez satisfecho le causa hastío.

El grito de María de Zayas tiene, a mi juicio, un propósito, «sí ejemplar» en el sentido de reivindicar la honra de la mujer tratada como objeto por el sexo opuesto, opuesto también a la igualdad cultural  y mostrar cómo incluso el adulterio en la mujer (en el hombre carecía de consecuencias) puede, en determinados casos no ser sino una apariencia equivocada:

¡Ay hombres! Y ¿por qué, siendo hechos de la misma masa y trabazón que nosotras, no teniendo más nuestra alma que vuestra alma, nos tratáis como si fuéramos hechas de otra pasta, sin que os obliguen los beneficios que desde el nacer al morir os hacemos? (Desengaños, pág., 51).

María de Zayas –entiendo– busca dejar constancia de como la mujer de su tiempo pertenece a un grupo sometido, observante y resignado que en consecuencia padece la injusticia de una serie de condicionantes sociales. Por la magia de la lectura pretende la comunión de las féminas uniéndose a ellas para, sino poner coto, si remediar la injusticia.


En este contexto entiendo el mensaje de Novelas y Desengaños.

martes, 17 de octubre de 2017

OCTAVO ANIVERSARIO: CON LA DEBIDA PUESTA A PUNTO.


Estoy sentado aquí de celebración en un restaurante de “cocina castellana con un toque canalla”, me acompañan una copa de buen Ribera y una tapa de diseño. El ambiente, también es de diseño: mobiliario de palés reciclados, paredes recubiertas con dovelas de cubas y luz, mucha luz. De camino me hago acompañar de Machado, siempre llevo en el móvil algún «podcast» al que recurrir cuando las musas no me son propicias.

Todo pasa y todo queda: nos levantamos cada mañana envejecidos un día más y el perfecto mecanismo del corazón sigue su ritmo a pesar del estrés, el tiempo y los achaques, todo pasa; invariablemente muchas cosas quedan e incluso pueden mejorar con el tiempo y la debida puesta a punto.

Hace algún tiempo en «este» lugar, Manoli regentaba el bar de su padre con mesas de mármol, partidas vespertinas de dominó y mus y «chatitos»[1] de a 55 cts., (de los de entonces), sobre uno de esos mármoles  con un café -ya pagado en euros- nació (octubre 2009) El Alfoz. Tiempo atrás la plaza con nombre de político y fuente en el centro presumía de castañera «la Loren», limpiabotas «Beni, el mago del lustre» y niños que rompían cristales con una pelota de goma errante e irrecuperable.

Los momentos vividos, por insignificantes que sean, son tan importantes como el mejor de los noticiarios porque son la noticia de nuestra vida. A veces cuando escribimos, intentamos llenar de esplendor el relato olvidando lo cotidiano: las persianas con grafitis, el sex shop del rincón de la calle, el vecino «marchoso» luciendo bermudas, sandalias y calcetín negro o la madre con hiyab a la salida del colegio; que son la vida misma.

Nunca perseguí la gloria, pero sin ella y con el ánimo que aportan los que me visitan intentaré a pesar del tiempo y los achaques cumplir como el bar de Manoli algunos años más, eso sí, con la debida puesta a punto –susurra  a mi oído El Alfoz.

 -Diles algo a ellos –respondí bajito– es tu «cumple».
-“Gracias por vuestra visita, uno también tiene su corazoncito”.
-“Un abrazo”.

Decididamente atacaré la tapa de diseño aun a riesgo de romper su encanto.

Tapa cedida por: El 51 del Sol.


[1] Coloquialmente, en las tabernas, vaso bajo y ancho de vino o de otra bebida.

sábado, 14 de octubre de 2017

UNA PÁGINA MÁS Y...,V


“De camino si no te importa, se ha hecho tarde”.

De camino las palabras discurrieron por la torrentera de una conversación urgente, carente de tiempo para reproducir los dictados del cerebro, se pisaban la palabra a mayor ritmo que el calzado sobre el adoquinado de la calle. El libro, ignorado bajo el brazo y a la sazón «Celestina» del encuentro, aguantaba el entusiasmo, a la espera de una oportunidad de escaso futuro. Sin acuerdo previo la pareja había  otorgado el protagonismo a los recuerdos, a la infancia en el pueblo: “qué tiempos”; “a veces uno se equivoca”; “Maripi era un poco «lanzada»…
Quedaron para el domingo, comerían juntos. El  beso primero a la izquierda y luego a la derecha hizo escala; por un momento sus labios se encontraron a mitad del camino.

[…]

-      ¡Me gusta tu coche!
-      ¿Y yo?
-      No estás mal –dijo sin rubor.

Aparcaron en la explanada del soto, cerca del restaurante. Reservaron mesa, tomaron un «Martini» y se encaminaron a la ribera donde el cauce acunaba a las fochas.

-      ¿Te apetece un paseo? Hay tiempo.
-      ¡Estupendo! –y se colgó de su brazo.

Sentados al sol tras una mata acariciaba el tatto de su cuello, ella tomó  la iniciativa y empujándolo hacia el suelo deshacía la atadura de la camisa jugueteando con el vello de su pecho, él la dejaba hacer siguiendo el curso de la botonadura de su blusa hasta descubrir un sugerente «Calvin Klein» de encaje negro. Jugaban a los besos encadenados; a ser felices; a recuperar el tiempo perdido.

-      Tal vez ninguno de los dos escogió bien.
-      Tal vez, pero tiene solución.
-      Al fin no hemos hablado del libro ni me has dicho nada del tatuaje.
-      El libro ha sido el vehículo, el tatto una premonición, yo soy Escorpio.

Y la atrajo hacia sí sellando la respuesta con un beso en el cuello.

NOTA. Inicié el juego de este intento en cinco entregas con la mente puesta en mi infancia cuando encaramado a algo poco más que un bordillo decía: «Mira, mamá, ¡sin manos!».
A veces necesitamos mirarnos en el espejo y decir sin rubor ¡No estás mal!


jueves, 5 de octubre de 2017

PERSPECTIVA FEMENINA DE MARÍA DE ZAYAS


Clamor de multitudes y ríos de tinta propugnan cual bálsamo de Fierabrás, «diálogo», «habilidad», «mesura», «mano izquierda», «mediación», para los males de nuestra sociedad. El que leyere Novelas y Desengaños encontrará en el planteamiento feminista de María de Zayas el ejemplo a seguir para como reivindicar, con firmeza y elegancia, solución a situaciones escabrosas enquistadas en el tiempo.

Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.) afirmaba que la mujer es un «animal imperfecto», «un hombre mutilado», a su juicio, por tanto un ser no terminado, carente.
Castilglione (1478-1529) en el tercer libro de El Cortesano, explica: «el hombre es comparado a la forma y la mujer a la materia; y por eso así como la forma no solamente es más perfeta que la materia […] así el hombre es mucho más perfeto que la mujer».
Cervantes (1547-1616) contemporáneo de Zayas (1590-1647?) en El curioso impertinente dice por boca de Lotario: «mira amigo que la mujer es un animal imperfecto».

Cierto es que hay que situarse en la época para juzgar esta preeminencia masculino-patriarcal pero no lo es menos que la mujer del XVII seguía "ostentando" junto con la reproductora las funciones de hilar, bordar, cantar… y excluidas la escuela y la universidad. Como afirma María Teresa Cacho: «los hombres pensaban que era más fácil de guardar una mujer iletrada, y que las letras proporcionaban deseos de autonomía y libertad» (La educación femenina en el Siglo de Oro).

Desde este contexto los lectores de Novelas y Desengaños constatan como María de Zayas da una vuelta de tuerca a la superioridad masculina cuando asegura que los hombres se han situado al nivel de las mujeres afeminándose:

Pues ¿qué ley humana ni divina halláis, nobles caballeros, para precipitaros tanto contra las mujeres, que apenas se halla uno que las defienda cuando veis tantos que las persiguen? Quisiera preguntaros si cumplís en esto con la obligación de serlo y lo que prometéis cuando os ponéis en los pechos las insinias de serlo, y si es razón que lo que juráis cuando os las dan no lo cumpláis. Más pienso que ya no las deseáis y pretendéis sino por gala, como las medias de pelo y las guedejas. ¿De qué pensáis que procede el poco ánimo que hoy todos tenéis, que sufrís que estén los enemigos dentro de España, y nuestro Rey en campaña, y vosotros en el Prado y en el río, llenos de galas y trajes femeniles, y los pocos que le acompañan, suspirando por las ollas de Egipto[1]? (Desengaños, pág., 267).

Era difícil y escabroso pero lo consiguió, “solo” hacía falta la habilidad de la "Sibila de Madrid". ¡Qué no es poco!




[1] Se utiliza para recordar o referirse a tiempos o circunstancias pasadas y mejores:
Moisés trataba de mantener vivo el espíritu del pueblo y, a cada paso, hablaba de la tierra prometida. "Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahvé en tierra de Egipto, cuando nos sentábamos en torno a las ollas de carne y comíamos pan en abundancia”.

lunes, 2 de octubre de 2017

UNA PÁGINA MÁS IV


“Y cuando descubrimos que SÍ hay quién nos quiere […] la vida te necesita […] el mundo necesita tu vida…”.

-      ¿Y si fuera él quién me necesita?
-      O soy yo la necesitada.
-      ¿Qué pensaría si me ve así?

El sol de la tarde proyectaba sobre la pared los destellos del vaso de tónica, con un sorbo menos, Rufo observaba indolente desde el alfeizar de la ventana, Eva se planteaba una duda razonable: té rojo, o ibuprofeno: Mejor ambas.

-      ¿Qué pensaría si me ve hecha un «trapo»?

Total había pasado una semana desde la paella; la jarra de cerveza en el camping y la charla, camino de casa, sobre Cicatriz, de Sara Mesa. El recuerdo de esa tarde suavizaba la resaca; los dos gintonic superaron su capacidad no estaba acostumbrada a beber, a lo sumo una «caña» o un vermú los domingos.
Desde el móvil el tono Digital bell le llegó como ampliado por un maléfico megáfono.

-      [¿¿¿]
-      Soy Ramón, ¿recuerdas?, nos vimos el pasado domingo en la «paellada».

Le costó reaccionar el «ibu», en seco, se estaba abriendo paso lentamente hasta el estómago y el té estaba aun demasiado caliente.

-      ¿Estás ahí?
-      ¡Oh! ¡Sí! ¡Perdona! Tenía la boca ocupada.
-      Qué inoportuno, casi te atragantas por mi culpa.
-      ¡Por favor! encantada, es un placer, tu dirás.

Le salieron los principios y dudó sobre lo procedente de la entusiasta respuesta, pero…, ¡que diablos! era verdad.

-      Te llamo por el libro del que hablamos, Cicatriz, si quieres puedo acercártelo.
-      Mejor mañana sábado ¿no trabajas verdad?, podemos tomar un café ¿te va bien?
-      ¡Perfecto! A las once en Sagitario.
-      De acuerdo, hasta mañana –dijo suspirando– había que ganar tiempo.

Sin actividad en los despachos cercanos, Sagitario era los sábados un café tranquilo, escogió una mesa lejos de la puerta, apta para una conversación distendida y esperó.

-      ¡Hola!

Dejaron volar un beso a la izquierda otro a la derecha, sin recato, con efusión.

-      ¿Cómo estas? ¡Qué cambio!
-      Bien, ¿Qué te parece?
-      ¿La verdad?
-      Por favor
-      Para mí, estabas mejor la semana anterior.
-  Para mí –pensó halagada– Lo suponía, es el recurso del pataleo, ya te contaré.
-      Cuando quieras y como quieras, no te sientas obligada. ¿Qué tomas?
-      Café con leche.
-      ¿Nada más? yo tomaré un pincho de tortilla, no he desayunado.
-      Que sean dos.
-      Si es tan amable, dos con leche y dos pinchos de tortilla. ¡Ah! y dos zumos de naranja.
-     Te cuento, el cambio es la consecuencia de una rebelión, obedece a la rabieta de un fracaso. Conoces algunas líneas del libro de mi vida, pero hay más.
-   Claro que habrá más y algunas si escribir. Confidencia por confidencia: Carlota y yo decidimos darnos «un tiempo», frase hecha prólogo de la ruptura que a no dudar llegará. Espero y deseo que sea civilizada.
-      Me extrañó verte solo y que me acompañases toda la tarde ¡me hizo mucho bien!
-      La necesidad era mutua.

Silencio y sonrisas. El desayuno toma la mesa. Fortuitamente, dos manos se encuentran en el azucarero.

-   Mi relación con Carlota empezó bien, como todas, éramos muy jóvenes, trabajábamos los dos, vinieron los chicos, la hipoteca, vacaciones en la playa, obligaciones repartidas…, todo muy programado, hasta los afectos. Los chicos se hicieron mayores y el esquema se rompió. La relación costumbrista pasó a comercial. Los encuentros, exiguos y de compromiso coincidían con sus eventos: “cariño, el club organiza un viaje cultural este «finde», volveré el domingo”. A la vuelta: hola, estoy muy cansada. En la cama, como si estuviera acostada con su suegra.
-      Los hombres la mayor parte de las veces no comprendeis bien la sensibilidad de las mujeres, son muchos nuestros días malos y a veces os poneis obsesivos, a lo bruto, con demasiado vigor.
-    Puede ser, concedido, pero esa misma actitud se aplaude en una primera etapa, se soporta en la segunda y finalmente se raciona, esto ocurre en muchas relaciones y los personajes de la tragedia siguen siendo los mismos. Bueno, quizá no, la evolución también cuenta.
-      Pero,esto es válido para todos ¿no?
-      Por supuesto, pero... hablemos del libro, tanto charlar y al final me lo llevaré a casa, me lio yo solo.
-      De camino si no te importa, se ha hecho tarde.


Tarde para qué –se preguntó– y es que habían vuelto a salirle los principios.

lunes, 25 de septiembre de 2017

UNA PÁGINA MÁS III


Repantigado en el respaldo del sofá, Rufo abrió, solo un momento, alternativamente los ojos; no se le daba un ardite el nuevo look de ella.

 -¡Gato tonto, algún día saldrás por la ventana!

- Ramón es un hombre equilibrado donde los haya –pensó– “el problema está en que dejemos de querernos”, pero claro, desde fuera las cosas se ven como en el teatro. ¿Qué pensará si me ve así?

Ciertamente no se refería a los tejanos viejos, las zapatillas de deporte o el tattoo, la fragancia de dos gintonic con twist de cítricos había tornado la mirada de rabia en la sonrisa bobalicona que ahora le devolvía el espejo, “hay algo de indefinible en el placer del primer sorbo” –apuntó el barman.

 -Claro que más tonta fui yo, Ana Julia que otra cosa no tendrá, pero tonta no es, ya me lo advirtió: “tu marido es un picaflor” y yo que nada, que era la puñetera envidia. No, si mamá que para todo tenía ojo decía en ocasiones que el que siembra vientos recoge tempestades, pero qué quieres, yo estaba enamorada y que el “tío” estaba muy bien, bueno, y está, que lo cortés no quita lo valiente. Bien mirado, tan tonta no soy, lo que pasa es que tengo principios y los principios, ya se sabe, son sagrados, ¡si yo hubiera querido! Con cualquiera –es un decir– sin ir más lejos con Luis, el pasante  de la notaría cada vez que me ve se le van los ojos, sobre todo si llevo la blusa estampada que clarea la punta de los senos, si coincidimos en el ascensor me dice que mejoro con la edad como el buen vino, me sofoca aunque me gusta. Y muchos más, no creas, pero una tiene principios que, dicho sea, hoy son un  estorbo. No, si algo barruntaba yo, en la noche sin ir más lejos últimamente ni caso, antes cuando le convenía al señorito; que no es que eso me resuelva la vida y tú lo sabes, pero algún detalle…, claro, para eso tienes a la pelandusca! ¿Recuerdas? “esposa te doy y no sierva”, dijo el curilla, pero el día que os casáis, hacéis el negocio del siglo: esclava y concubina para toda la vida. La mujer, libre, lo que se dice libre, ni un minuto, a lavar calzoncillos y trabajar como una burra, es su obligación ¡Qué bien! Luego viene la pelandusca y a vivir la vida, sentada en un queso y mordiendo de otro. Nunca me llegué a creer lo del viaje de trabajo “es un simposio de fin de semana, no se pueden perder días de labor” ¡hipócrita! “al terminar una cerveza, una tapa y cada uno por su lado". ¡Y una mierda! ¡Ja. Ja! No, si Ana Julia tiene razón, esa tiene más conchas que un galápago. Recuerda: quien siembra vientos recoge tempestades.


Rufo perdió el equilibrio de un manotazo, tendida en el sofá se despachó una tónica, esta vez «sin refuerzo». No estaba el horno para bollos. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

UNA (otra) PÁGINA MÁS II


Decidió quererse apasionadamente, renunciando a todo sin renunciar a nada; rebelarse contra todo y contra todos; nada de desaparecer sin dejar huella, mejor ser cada día más visible. Apretando los puños corrió hacia el escritorio.

 -Diario de mierda, no te escondas ¡te encontraré!

Cobijado entre los pliegues de la funda nórdica un diminuto candado con forma de corazón señalaba el objeto del deseo: un diario de pastas duras contenedor de confidencias, años de suspiros anhelos y conformismos de una vida «normal» que impulsado por la rabia salió despedido por el balcón encontrando asiento en el solar próximo, la limonada con hielo no corrió la misma suerte: acabó refrigerando la maceta del ficus benjamina.

 -Mariconadas las justas mejor algo más fuerte, pero primero una ducha.

El teléfono había sonado minutos antes.

 -¿Sí?

Al otro lado la voz de Sandra, excompañera de colegio y ahora su jefa de equipo que le procuró el empleo, no gran cosa, pero suficiente para «ir tirando».

 -Mañana te tomas el día libre a cuenta de vacaciones y el lunes vienes a por el finiquito, la dirección no está contenta con el proyecto y lo va a encargar a una consultoría.

Tiró el móvil en el sofá. No podía reaccionar. Tras la huida de su marido y la marcha de su hijo, había optado a ese puesto superando el periodo de prueba no solo como realización personal, había que pagar los gastos del mes. Su cara preguntó al balcón por donde desapareció el cuaderno de pastas duras y candado de corazón, la camiseta de estar en casa voló hacia Rufo, el gato siamés, los «crocs» se estamparon contra la pared, la braguita blanca hizo bandera con la lámpara del pasillo, como pidiendo paz y Eva gritó. La ducha disolvía las lágrimas, pero no la impotencia.

 -Mi «ex» metiendo mano a la pelandusca, mi hijo con la putita y yo aquí, sola y sin trabajo.
 -¡¡¡ Por qué a mí !!!
 -¡¡¡ Por qué ahora !!!
 -Hasta que la muerte os separe, dijo el curilla.
 -¿De qué sirve una vida de entrega?

Y decidió ser cada día más visible; rebelarse contra todo y contra todos. Embutida en unos tejanos viejos, se calzó los deportivos rojos que nunca usó, camiseta de tirantes y se tiñó el pelo de caoba rabioso. Rufo, impertérrito bajo el sofá, seguía la escena hasta que la puerta se cerró de un portazo.

 -Quiero que me tatúes un alacrán aquí, en lo alto, para que se vea con cualquier escote.
 -Escorpión, querrás decir.

 -Es igual, son venenosos ¿No?
 -Eso dicen, pasa dentro de media hora, estoy terminando un trabajo.
 -Justo para un «pelotazo» con soda. ¿Tienes fuego?
[…]
 -¡Gracias! ¡Chao!

El cigarrillo le hizo toser  dos veces.