Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

domingo, 13 de agosto de 2017

PÁGINA EN BLANCO


En Chicos revista infantil española publicada entre 1938 y 1955 –época dorada del tebeo español– uno de los personajes de cuyo nombre no puedo acordarme, decía «lo veo todo claro». La viñeta siguiente estaba en blanco con una nota aclaratoria «Explicación para niño tonto: esta viñeta está en blanco porque el inspector lo veía todo claro».

En estos días previos al síndrome postvacacional en que las redes sociales venidas a publicación periódica rebosan de imágenes (viñetas) lúdico- placenteras, en estos días, me asedian las páginas en blanco; caminan junto a mí. Se sientan conmigo cuando en la sombra del castaño busco refugio. En el duermevela de la siesta agostera me sonríen burlonas y como perro fiel y obstinado me siguen en el paseo vespertino pidiendo –sin resultado– un garabato.

Es una sensación estacional, un espejismo, un azar, no la antesala del olvido o el anuncio de un desahucio.


Hoy, sin saber por qué, he atrapado a una de mis perseguidoras emborronándola con un ¡hola, hasta pronto! Tal vez en unos días lo vea todo claro.

martes, 25 de julio de 2017

DEJAR DE QUERER.


En este vivir globalizado y competitivo se nos está olvidando perdonar y ya solo practicamos con asuntos cotidianos de poco nivel. Amar. ¿Qué es amar? Erich Segal en el «superventas» Love Story (1970) decía: Amar significa no tener que decir nunca “perdón”. No suscribo literalmente la frase, pero sí quiero creer que pedir y otorgar perdón es una manera de amar.

Libertad. ¿Qué es la libertad? El Diccionario Español de la Lengua tiene hasta doce acepciones de Libertad. El velero llamado Libertad cargado de desamor –esa cosa tan frecuente hoy posible consecuencia del amor malentendido malinterpretado y posesivo de ayer–atraca cada vez con más facilidad en la isla de nuestras vidas, pero la libertad en sí misma tampoco puede ser la causa. Me pregunto por qué parejas abrasadas de amor un día apagan la llama. Me niego a creer en la conveniencia, el cansancio, la costumbre o el tiempo. Me preocupa la urgencia. Por qué se deja de querer un día. Por qué ya no es posible demostrar cariño.

Levantamos barricadas de silencio cimentadas muchas veces en una sola palabra inoportuna, en un malentendido al que el orgullo niega perdón; pasamos del “sí cariño” al “¿perdona?” inquisitorial desembocando en un buenos días sin respuesta y del café para dos a una taza de «soluble». Acusamos falta de perdón, es cierto, pero, tal vez la respuesta esté en Neruda: Yo la quise, y a veces ella también me quiso […] Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.


Fragmento del Poema 20, Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada de Pablo Neruda.

domingo, 9 de julio de 2017

PORQUE TODO ES IGUAL


A veces, algunas veces, pocas y fugaces, sentimos la necesidad de cambiar el sentido de nuestra vida, de actuar sin red ni espectadores. En ese corto espacio de tiempo, soñamos ser uno mismo apostando por otras formas de vida. Parece imposible –pero así es– que cueste tanto apartarse de la corriente tentadora y fácil de lo cotidiano, el paso del tiempo moldea nuestra vida cuando tendría que ser esta la que se adaptase a nosotros siquiera un poco, dejándonos con nuestros errores, sueños e ilusiones. Pero no. Cuando intentamos salir del guion, nos señalan el espacio que tenemos reservado y la nave de nuestra ilusión hace agua.  En este punto, pensamos que es una (otra más) batalla perdida. Pero tampoco. En esas ocasiones, pocas y fugaces en las que en la casa encendida comprobamos que todas las cosas están exactamente colocadas donde estarán dentro de un año, justo entonces, debemos arrinconar miedos, abandonar monotonías de vida aburrida, reuniones protocolarias, rincones favoritos, indumentaria convencional, relaciones impuestas…, cruzando aun contra corriente, a la orilla opuesta en busca de la luz. Solo así podemos salvarnos. Porque todo es igual y tú lo sabes.

Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año;
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.


Fragmento de La casa encendida, de Luis Rosales.

lunes, 12 de junio de 2017

COMEDIA Y TRAGEDIA


Lo compartían todo, bueno, todo no. Había que aprovechar «el tirón», ampliar, seguir la estela de Inditex; vender, vender y vender, y ya se sabe, los negocios de por sí muy absorbentes, dejan poco espacio al corazón y el amor muere por inanición. Al final de cada jornada, cuando la calma llegaba, las palabras solo eran letanía de trabajo, sin darse cuenta, la grieta se hizo foso y el escudo salvador de la fatiga generó silencios cada vez más prolongados que, alguna vez, solo alguna, rompían en conversación  distante, convencional, fría y hueca más cercana a manual de diplomacia que a calor de pareja. Y así, partiendo de un mismo punto, como las ondas que produce la piedra en el estanque, el espacio entre ellos se iba haciendo mayor.


Era la hora en que los niños juegan llenando con la alegría de sus gritos la calle encorsetada en sus prisas, en la que grupos de jóvenes carpeta con apuntes en una mano y prótesis celular en la otra, comentan los primeros exámenes sobre la alfombra verde,  las fachadas maquilladas de ocaso devolvían –acumulador natural– el calor recibido. A esa hora, espantando con sus pasos palomas que solo en caso de máxima urgencia dicen adiós batiendo las alas para caer sobre la farola más próxima, en  esa u otra calle cualquiera, mirando sin ver, oyendo solo el eco de sus propias pisadas sobre el asfalto contra la pared teñida por el sol de la tarde luchó con su pensamientos varias horas hasta tirarlos en el cauce cercano.


El verano, como siempre, dio paso al otoño, las reuniones sociales cada cual con su cuadrilla (las mujeres solo hablan de trapos y los hombres de futbol) solo prolongaron la agonía. Nos vamos a dar un tiempo –dijeron– y marcharon cada uno por su lado. Al principio el teléfono con más formulismo que entusiasmo tendía puentes sobre la distancia:

- ¿Cómo ha ido el día? Que descanses.


Luego fueron los WhatsApp llenos de buenas intenciones y no pocos reproches. Algunas veces –pocas– se reencontraron en la cafetería camuflando la realidad con sonrisas inútiles. La brisa terminó por hacerse huracán y sus vidas se alejaron sin estrépito de un espacio que no era de nadie. Hubiera resultado inútil todo intento por rellenar el valle que los separaba. Ya era tarde, en el último encuentro ni siquiera se habían despedido. 

Imagen: Christos Georghiou

miércoles, 31 de mayo de 2017

«Alas no evitaba espiar el amor de Juan y Ashma. Miraba a Juan y se veía a sí mismo.» Pasos en la Piedra, de José Manuel de la Huerga.

Semblanza gráfica de «Alas – Juan» carduelis adulto vigila a un juvenil

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 -¿Existe el escalofrío mental? (Olvídalo, no me hagas caso).

La sobrecubierta del libro y algunas reseñas previas –relámpago y trueno– provocan en el desocupado lector un escalofrío ¿razonable?

Barrio de Piedra pequeña ciudad de la meseta vive con intensidad la Semana Santa de 1977. Tras legalizarse el PC en Sábado Santo, aflora el larvado conflicto entre las tradiciones locales y las ansias de libertad.
Pasos en la piedra, José Manuel de la Huerga.

De la Huerga explica:

[…] el denominado «Sábado Rojo», día que «se legalizó el Partido Comunista, con lo que se vivían momentos de libertad y aires nuevos para la democracia», que se mezcla con las «tradiciones de la Semana Santa».
La Razón, Castilla y León (09 marzo 2017).

Semana Santa, «Sábado Rojo», PC legalizado…, con la Iglesia y el Gobernador Civil hemos topado, amigo Paco –me dije– ¿saldrá otra vez el 36?. Pensé apenas leída  la segunda cita en la portadilla:

«En España
todas las primaveras viene la muerte
y levanta las cortinas.»
FEDERICO G. LORCA / JOSÉ VAL DEL OMAR

 -Paco: respira hondo y vuelve a las reseñas. Con la precipitación, nunca buena consejera, has dejado la noticia principal en segundo plano. Lee:

El leonés José Manuel de la Huerga se ha alzado ganador de la XV edición del Premio de la Crítica de Castilla y León, con su obra Pasos en la piedra. El autor ya había estado nominado al mismo premio en cinco ocasiones anteriores.
El Norte de Castilla, Ávila (08 marzo 2017).

 -Pido disculpas al lector por  haber perdido «El Norte» y no traer al recuerdo los grandes momentos con Gamoneda, Esquivias, de Prada, Abella, hermanos de premio con de la Huerga y sigo leyendo.

Pasos en la piedra, no es solo una inmersión en la Semana Santa de un pueblo, es una crónica social y también una muestra de cómo la Iglesia podía transformar a su antojo durante esos días la vida de un pueblo y sus habitantes hasta en lo más íntimo.

Vuelven con Pasos figuras políticas como la  del Gobernador Civil, instituciones como la Falange, agrupaciones como la Extrema derecha, no tan distantes de la sociedad actual, ni tan diferentes de las actuales.

Trae a mientes el Vaticano II, la Teología de la Liberación y los curas contestatarios en la figura del padre Alas; en suma, un periodo de transición en la historia de España que de tan cercano se ha olvidado. Retomo de nuevo con tu permiso, lector amigo, las palabras de José Manuel:

Un día hablando con Rafa Vega, autor de la portada, me hacía una pregunta también muy interesante. ¿Cómo leerá la novela una persona completamente ajena a la Semana Santa, ajena a nuestra vivencia de la transición, a la legalización del Partido Comunista en el año 77? No tengo respuesta para esta pregunta. Y tampoco la tengo  para cómo la lee un joven de ahora mismo.
http://palabrasmenores.info/index.html 
(16 mayo 2016, Entrevista de José Luis Alcalde).

Llego a la conclusión de que la mejor manera de reseñar Pasos en la piedra es dejar que la novela hable de momentos tan delicados como:

La había imaginado desnuda cientos de veces; había tenido en incontables ocasiones en la punta de la lengua  la petición de que posara para él, por dinero incluso. Pero verla ahora, hermosísima a pesar del estado de demencia, destrozada su piel por aquella cantidad de heridas, le había producido tal impacto que se había llegado a marear. (Pág. 165).

Vivencias incomprensibles vistas desde fuera de Barrio de Piedra:

¿Qué gente era aquella que se rebozaba en la sangre derramada injustamente por un malhechor que era aclamado al mismo tiempo como Dios, mientras los poderes públicos se regodeaban en la imposición preceptiva de una sentencia injusta, emanada de la propia institución corrompida? (Pág. 181).

O naturaleza vívida:

El pájaro solitario. Así dicho sonaba a asunto legendario envuelto en un halo de misticismo […] El único elemento constante en la cita primaveral era su canto. […] Dulcemente modulado, más quejoso que el ruiseñor bastardo, con más variedades cromáticas que el verdecillo… (Págs. 60 y 62).

[…] Hasta un tejo sin tronco, cuyas ramas desde el suelo habían cerrado una cúpula espesa en la que Alas se escondía algún día de verano cuando jugaba a desaparecer del mundo. (Pág. 224).

 -Si de algo sirve (a mí me sirvió de mucho) yo sí sé cómo lee Pasos en la piedra alguien que, ahora mismo, no es precisamente joven.

Imágenes: 1/ http://waste.ideal.es/cardueliscarduelis.htm.
                    2/ José Manuel de la Huerga



jueves, 25 de mayo de 2017

GENTE DE A PIE



No sé  si os habéis fijado en que con el arribo de lo políticamente correcto, la frase «ciudadanos de a pie» se aloja en el asilo de las palabras moribundas. Parir el lema debió ser un acontecimiento para tertulianos y políticos.

«Ciudadanos de a pie»

En un tiempo llegó a molestarme, me preguntaba si era una incitación al desgaste de zapatillas a fin de dejar la calle para uso y disfrute exclusivo de los con derecho (de pernada) a la motorización.

Hoy, arrumbada la expresión, pienso en que su verdadero significado está en tantos y tantos hombres y mujeres que van por el mundo mejorándolo con su semblanza a cuestas sin más que su propio ajuar, sin titulares, sin gesta digna de mención.

Hombres y mujeres a los que la vida sorprende cada lunes con el «mono» de trabajo recién lavado bajo el brazo; a diario, con el carro de la compra camino de la tienda de barrio; con un cartapacio de papeles en la puerta de la institución de turno; con la carpeta de la copistería low cost (2 cts. copia A-4 B/N) arropando veinte currículos. Hombres y mujeres que no dejan más rastro en la vida que el de su entorno más próximo y su diario afán, callado y necesario para que el mundo siga caminando.

Son millones los «Ciudadanos de a pie» que cada semana, toman el bus municipal con su «mono» de trabajo recién lavado; cada día van a la compra, educan, venden, derrochan currículos sin respuesta. Millones de anónimos granitos de arena que renuevan la playa de la vida si ser mencionados en los anales de la historia.


                                                                        ¡Viva la Gente!

Imagen: Mundo-Nomada.com

lunes, 22 de mayo de 2017

EMBORRONAR CUARTILLAS.


Con regularidad de estación meteorológica, frecuencia inmisericorde de buzoneo publicitario, o vaya usted a saber, en el cajetín que todos llevamos dentro, se desarrolla (o lo engendra uno mismo) un «no sé qué» no evaluado por los servicios médicos que, incrustado como garrapata nos arropa durante el día como una calima de obstinada y terca desgana. Tal vez, en un futuro próximo, la Seguridad Social lo reconozca, investigue, encuentre tratamiento y el asunto apunte solución.

En tanto esto ocurre bien podrían los laboratorios poner en el mercado un “ibu” para esta suerte de alergia periódica, o Protección Civil, tan atenta siempre a los eventos de masas, colocar barreras protectoras para, al menos minorar el desaliento que de propagarse, paralizaría a buen seguro la ciudad.

Esto suena a desvarío –lo sé– y como esperar sentado ver pasar el cadáver del enemigo no levanta el ánimo,  pongo rumbo al gimnasio en busca de una solución de alcance. El idilio con la cinta de correr con vistas a la cristalera, dura lo que «caramelo a la puerta de colegio» (es un decir). Me divorcio de la estática cuando el sudor nubla mis ojos (o sea, pronto). Las pesas, que no me han hecho nada, están mejor en su soporte esperando a otro culturista.


Camino de vuelta, tiro piedras al río. Probaré a emborronar cuartillas.