Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

lunes, 12 de junio de 2017

COMEDIA Y TRAGEDIA


Lo compartían todo, bueno, todo no. Había que aprovechar «el tirón», ampliar, seguir la estela de Inditex; vender, vender y vender, y ya se sabe, los negocios de por sí muy absorbentes, dejan poco espacio al corazón y el amor muere por inanición. Al final de cada jornada, cuando la calma llegaba, las palabras solo eran letanía de trabajo, sin darse cuenta, la grieta se hizo foso y el escudo salvador de la fatiga generó silencios cada vez más prolongados que, alguna vez, solo alguna, rompían en conversación  distante, convencional, fría y hueca más cercana a manual de diplomacia que a calor de pareja. Y así, partiendo de un mismo punto, como las ondas que produce la piedra en el estanque, el espacio entre ellos se iba haciendo mayor.


Era la hora en que los niños juegan llenando con la alegría de sus gritos la calle encorsetada en sus prisas, en la que grupos de jóvenes carpeta con apuntes en una mano y prótesis celular en la otra, comentan los primeros exámenes sobre la alfombra verde,  las fachadas maquilladas de ocaso devolvían –acumulador natural– el calor recibido. A esa hora, espantando con sus pasos palomas que solo en caso de máxima urgencia dicen adiós batiendo las alas para caer sobre la farola más próxima, en  esa u otra calle cualquiera, mirando sin ver, oyendo solo el eco de sus propias pisadas sobre el asfalto contra la pared teñida por el sol de la tarde luchó con su pensamientos varias horas hasta tirarlos en el cauce cercano.


El verano, como siempre, dio paso al otoño, las reuniones sociales cada cual con su cuadrilla (las mujeres solo hablan de trapos y los hombres de futbol) solo prolongaron la agonía. Nos vamos a dar un tiempo –dijeron– y marcharon cada uno por su lado. Al principio el teléfono con más formulismo que entusiasmo tendía puentes sobre la distancia:

- ¿Cómo ha ido el día? Que descanses.


Luego fueron los WhatsApp llenos de buenas intenciones y no pocos reproches. Algunas veces –pocas– se reencontraron en la cafetería camuflando la realidad con sonrisas inútiles. La brisa terminó por hacerse huracán y sus vidas se alejaron sin estrépito de un espacio que no era de nadie. Hubiera resultado inútil todo intento por rellenar el valle que los separaba. Ya era tarde, en el último encuentro ni siquiera se habían despedido. 

Imagen: Christos Georghiou

miércoles, 31 de mayo de 2017

«Alas no evitaba espiar el amor de Juan y Ashma. Miraba a Juan y se veía a sí mismo.» Pasos en la Piedra, de José Manuel de la Huerga.

Semblanza gráfica de «Alas – Juan» carduelis adulto vigila a un juvenil

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 -¿Existe el escalofrío mental? (Olvídalo, no me hagas caso).

La sobrecubierta del libro y algunas reseñas previas –relámpago y trueno– provocan en el desocupado lector un escalofrío ¿razonable?

Barrio de Piedra pequeña ciudad de la meseta vive con intensidad la Semana Santa de 1977. Tras legalizarse el PC en Sábado Santo, aflora el larvado conflicto entre las tradiciones locales y las ansias de libertad.
Pasos en la piedra, José Manuel de la Huerga.

De la Huerga explica:

[…] el denominado «Sábado Rojo», día que «se legalizó el Partido Comunista, con lo que se vivían momentos de libertad y aires nuevos para la democracia», que se mezcla con las «tradiciones de la Semana Santa».
La Razón, Castilla y León (09 marzo 2017).

Semana Santa, «Sábado Rojo», PC legalizado…, con la Iglesia y el Gobernador Civil hemos topado, amigo Paco –me dije– ¿saldrá otra vez el 36?. Pensé apenas leída  la segunda cita en la portadilla:

«En España
todas las primaveras viene la muerte
y levanta las cortinas.»
FEDERICO G. LORCA / JOSÉ VAL DEL OMAR

 -Paco: respira hondo y vuelve a las reseñas. Con la precipitación, nunca buena consejera, has dejado la noticia principal en segundo plano. Lee:

El leonés José Manuel de la Huerga se ha alzado ganador de la XV edición del Premio de la Crítica de Castilla y León, con su obra Pasos en la piedra. El autor ya había estado nominado al mismo premio en cinco ocasiones anteriores.
El Norte de Castilla, Ávila (08 marzo 2017).

 -Pido disculpas al lector por  haber perdido «El Norte» y no traer al recuerdo los grandes momentos con Gamoneda, Esquivias, de Prada, Abella, hermanos de premio con de la Huerga y sigo leyendo.

Pasos en la piedra, no es solo una inmersión en la Semana Santa de un pueblo, es una crónica social y también una muestra de cómo la Iglesia podía transformar a su antojo durante esos días la vida de un pueblo y sus habitantes hasta en lo más íntimo.

Vuelven con Pasos figuras políticas como la  del Gobernador Civil, instituciones como la Falange, agrupaciones como la Extrema derecha, no tan distantes de la sociedad actual, ni tan diferentes de las actuales.

Trae a mientes el Vaticano II, la Teología de la Liberación y los curas contestatarios en la figura del padre Alas; en suma, un periodo de transición en la historia de España que de tan cercano se ha olvidado. Retomo de nuevo con tu permiso, lector amigo, las palabras de José Manuel:

Un día hablando con Rafa Vega, autor de la portada, me hacía una pregunta también muy interesante. ¿Cómo leerá la novela una persona completamente ajena a la Semana Santa, ajena a nuestra vivencia de la transición, a la legalización del Partido Comunista en el año 77? No tengo respuesta para esta pregunta. Y tampoco la tengo  para cómo la lee un joven de ahora mismo.
http://palabrasmenores.info/index.html 
(16 mayo 2016, Entrevista de José Luis Alcalde).

Llego a la conclusión de que la mejor manera de reseñar Pasos en la piedra es dejar que la novela hable de momentos tan delicados como:

La había imaginado desnuda cientos de veces; había tenido en incontables ocasiones en la punta de la lengua  la petición de que posara para él, por dinero incluso. Pero verla ahora, hermosísima a pesar del estado de demencia, destrozada su piel por aquella cantidad de heridas, le había producido tal impacto que se había llegado a marear. (Pág. 165).

Vivencias incomprensibles vistas desde fuera de Barrio de Piedra:

¿Qué gente era aquella que se rebozaba en la sangre derramada injustamente por un malhechor que era aclamado al mismo tiempo como Dios, mientras los poderes públicos se regodeaban en la imposición preceptiva de una sentencia injusta, emanada de la propia institución corrompida? (Pág. 181).

O naturaleza vívida:

El pájaro solitario. Así dicho sonaba a asunto legendario envuelto en un halo de misticismo […] El único elemento constante en la cita primaveral era su canto. […] Dulcemente modulado, más quejoso que el ruiseñor bastardo, con más variedades cromáticas que el verdecillo… (Págs. 60 y 62).

[…] Hasta un tejo sin tronco, cuyas ramas desde el suelo habían cerrado una cúpula espesa en la que Alas se escondía algún día de verano cuando jugaba a desaparecer del mundo. (Pág. 224).

 -Si de algo sirve (a mí me sirvió de mucho) yo sí sé cómo lee Pasos en la piedra alguien que, ahora mismo, no es precisamente joven.

Imágenes: 1/ http://waste.ideal.es/cardueliscarduelis.htm.
                    2/ José Manuel de la Huerga



jueves, 25 de mayo de 2017

GENTE DE A PIE



No sé  si os habéis fijado en que con el arribo de lo políticamente correcto, la frase «ciudadanos de a pie» se aloja en el asilo de las palabras moribundas. Parir el lema debió ser un acontecimiento para tertulianos y políticos.

«Ciudadanos de a pie»

En un tiempo llegó a molestarme, me preguntaba si era una incitación al desgaste de zapatillas a fin de dejar la calle para uso y disfrute exclusivo de los con derecho (de pernada) a la motorización.

Hoy, arrumbada la expresión, pienso en que su verdadero significado está en tantos y tantos hombres y mujeres que van por el mundo mejorándolo con su semblanza a cuestas sin más que su propio ajuar, sin titulares, sin gesta digna de mención.

Hombres y mujeres a los que la vida sorprende cada lunes con el «mono» de trabajo recién lavado bajo el brazo; a diario, con el carro de la compra camino de la tienda de barrio; con un cartapacio de papeles en la puerta de la institución de turno; con la carpeta de la copistería low cost (2 cts. copia A-4 B/N) arropando veinte currículos. Hombres y mujeres que no dejan más rastro en la vida que el de su entorno más próximo y su diario afán, callado y necesario para que el mundo siga caminando.

Son millones los «Ciudadanos de a pie» que cada semana, toman el bus municipal con su «mono» de trabajo recién lavado; cada día van a la compra, educan, venden, derrochan currículos sin respuesta. Millones de anónimos granitos de arena que renuevan la playa de la vida si ser mencionados en los anales de la historia.


                                                                        ¡Viva la Gente!

Imagen: Mundo-Nomada.com

lunes, 22 de mayo de 2017

EMBORRONAR CUARTILLAS.


Con regularidad de estación meteorológica, frecuencia inmisericorde de buzoneo publicitario, o vaya usted a saber, en el cajetín que todos llevamos dentro, se desarrolla (o lo engendra uno mismo) un «no sé qué» no evaluado por los servicios médicos que, incrustado como garrapata nos arropa durante el día como una calima de obstinada y terca desgana. Tal vez, en un futuro próximo, la Seguridad Social lo reconozca, investigue, encuentre tratamiento y el asunto apunte solución.

En tanto esto ocurre bien podrían los laboratorios poner en el mercado un “ibu” para esta suerte de alergia periódica, o Protección Civil, tan atenta siempre a los eventos de masas, colocar barreras protectoras para, al menos minorar el desaliento que de propagarse, paralizaría a buen seguro la ciudad.

Esto suena a desvarío –lo sé– y como esperar sentado ver pasar el cadáver del enemigo no levanta el ánimo,  pongo rumbo al gimnasio en busca de una solución de alcance. El idilio con la cinta de correr con vistas a la cristalera, dura lo que «caramelo a la puerta de colegio» (es un decir). Me divorcio de la estática cuando el sudor nubla mis ojos (o sea, pronto). Las pesas, que no me han hecho nada, están mejor en su soporte esperando a otro culturista.


Camino de vuelta, tiro piedras al río. Probaré a emborronar cuartillas. 

viernes, 19 de mayo de 2017

RETORNO AL PASADO PRÓXIMO. Pasos en la Piedra, de José Manuel de la Huerga.


Dodge 3700 GT (1971-1977)

Parte de las lecturas de este curso han discurrido por la senda de un pasado próximo que, de cerca o a cierta distancia, muchos hemos vivido.

Patria plantea la división en buenos y malos de una comunidad, la vasca, cuya plausible cohesión social rota por el fanatismo político, condujo al acoso de los considerados «diferentes».

A sangre y fuego, escrito en 1937, huye sabiamente del guerracivilismo para situar al lector en el conflicto del 36 retratando tanto a la izquierda como a la derecha desde una óptica antifascista y antirrevolucionaria.

Media vida, recorre con experiencias de mujer el camino que va de un internado de los 50 (también había monjas buenas –dice Care Santos–) a situaciones tan nuevas, treinta y un años más tarde, como la ley del divorcio.

A la inquietante grieta de portada, se asoman en Pasos en la Piedra (última lectura del curso) personajes tan significativos como el Gobernador Civil –Dodge Dart incluido– de una pequeña ciudad de provincia que vive intensamente la Semana Santa en un abril de 1977.

«La primera luna llena de primavera lleva corona de espinas. Se parece a un planeta. Hay un pájaro solitario capaz de remontar el vuelo hasta su altura y arrancarle la espina más honda».
José Manuel de la Huerga, Pasos en la Piedra.


Cuatro ocasiones de revivir el pasado próximo. 

martes, 9 de mayo de 2017

¡¡ Viva la gente !!.



A veces, algunas veces, parece complicado entender este mundo en el que a pesar del caos, las prisas, la presión, estamos tan «a gustito», y digo esto, porque no conozco (yo) a nadie con voluntad firme de abandonarlo motu proprio. Tal vez esa complicación de la que sin lugar a duda formamos parte, nos lleve a despotricar en primera instancia de quienes por su aspecto no encajan (el hábito sí hace al monje) en el perfil fijado por nosotros.

La salida de un colegio, el autobús urbano, una feria, o cualquiera otra aglomeración variopinta en la ciudad, son buen motivo para que el despotrique prolifere. Un motivo puede ser la pareja de padres, ella con minifalda y camiseta de tirantes; él con coleta y pendiente. Otro, el vecino –trasculado  por mor del pantalón– con  barba yihadista y cadenas colgando que no sujetan nada. No se salva de nuestra indiscreta cámara oculta el señor entrado en años con sandalias, camiseta y pantalón bermuda.

Todo esto que parece baladí y propio del chismorreo gratuito, tiene su reflejo cada día en el despotrique de pago de los programas de  telerrealidad que de una manera u otra subvencionamos, si no véanse los índices de audiencia («yo solo veo la 2»).

Tal reflexión viene a mientes en un día cualquiera cuando los gorriones –descarados ellos– buscan algo entre mis pies, bajo el banco del paseo; los chiquillos corren las palomas acompañados de un caniche juguetón; las mamás –tan jóvenes– charlan en grupo al sol; los repartidores se afanan ante el cierre inminente de los bolardos automáticos y la ciudad en fin, vuelve a su prisa sin sentido aparente. Por cierto, de la pareja de padres, ella regenta con éxito una tienda de moda, él tiene cierto renombre en el mundo de la arqueología. El vecino trasculado a decir de sus compañeros, es alumno aventajado en la facultad de Historia. El señor entrado en años disfruta, gracias a toda una vida de trabajo en un banco, de saneada pensión y «pasa» de convencionalismos.


Los gorriones, cansados de buscar, juegan entre las ramas, los chiquillos –con sus jóvenes mamás– vuelven  a casa, el juguetón caniche –atado ahora– sigue sin afán a su dueña, los bolardos, para preservar la tranquilidad del paseo, emergen del enlosado. En el banco vacío queda el despotrique. Conmigo, la convicción de que la  gente es como es, no como parece, que se afana, estudia, trabaja y se divierte; la realidad de un mundo con sus modas, sus prisas, sus tertulianos, su desgobierno, su…,  en el que en el fondo estamos todos tan «a gustito», aunque a veces, algunas veces, nos gustaría cambiarlo.

Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo; (Quito, 1747 - 1795)
Escritor ecuatoriano. 

sábado, 6 de mayo de 2017

Dentro – Fuera.


A veces, algunas veces, se hace difícil enfrentarse a la rutina de la vida, se está mejor, más recogido y calentito dentro de uno mismo. Fuera, en esa vida a la que nos asimos con usura, están: el amigo al que evitamos clavados insulsamente en un escaparate de tattoos y piercings; la bicicleta que, escapada del verano, nos arroja a la calzada con nuestro interior a cuestas; tres señoras que hablando de sus cosas, frenan la prisa que no tenemos; el aullido del camión de incendios que tal vez vuelve de rescatar a un gato enredado en un tejo del parque; el griterío de un ejército de chiquillos jugando al pilla – pilla.

En la terraza de un café tranquilo, de poco futuro, vuelvo al reencuentro conmigo mismo; a mis adentros; a las ocasiones perdidas; al amenazante lunes ¡tan próximo!; al recibo impagado; a la casa vacía…
  • -      Algo me decía que estabas aquí.
  • -      ¡Tuuu!
  • -      Fue una chiquillada. Perdona.
  • -      La culpa es mía, a veces no se escuchar.
  • -      ¡Por favor! Cortado, con leche y dos milhojas de crema.

La vida es, en ocasiones, lo que nosotros queremos que sea.