Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

martes, 16 de enero de 2018

LA REALIDAD MODIFICADA EN PEDRO PÁRAMO, DE JUAN RULFO


Pedro Páramo de Juan Rulfo, sorprende, confunde y cautiva es –entiendo– una novela necesaria que no puede abordarse como otras de mayor éxito de ventas disponibles en el mercado; requiere una lectura minuciosa que supere la confusión de su estructura un tanto fantasmagórica, mezcla de pasado, de futuro y con un presente continuo: la muerte, en la que radica su verosimilitud.

El espacio es fundamental en la novela, Abundio y Juan Preciado (en principio no conocemos sus nombres) entran en un Comala hostil “Habíamos dejado el aire caliente allá arriba y nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire”. Para que el lector tenga su misma percepción el narrador establece una comparación con el mismo infierno: “Aquello (Comala) está sobre las brasas de la tierra en la mera boca del Infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al Infierno regresan por su cobija”.[1]

Hostil y vacío. El personaje que esperaba encontrar un paraje paradisíaco “Hay allí, […] la vista muy hermosa de una llanura verde”, se sorprende y con él el lector, no es el lugar esperado y tampoco lo son las sensaciones: “oía caer mis pisadas […] miré las casa vacías; las puertas desportilladas, […] vi una señora envuelta en su rebozo[2], que desapareció como si no existiera”. Juan Preciado nos introduce en Comala haciéndonos partícipes de su incertidumbre, sus visiones y la naturalidad de realismo mágico.

Situado en este espacio y pertrechado de sospechas y figuraciones acertadas o erróneas, el desocupado lector debe construir su propia novela teniendo en cuenta –eso sí– que Comala está habitada por fantasmas «de verdad».

-      No, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera abandonado. Parece que no lo habitara nadie.
-      No es que lo parezca. Así es. Aquí no vive nadie.

La incertidumbre de Juan Preciado se transmite al lector, ni uno ni otro saben si Abundio, Eduviges, Damiana están vivos o, si las voces que oyen son verdaderas o fruto de su imaginación:

Hubo un tiempo que estuve oyendo durante muchas noches el rumor de una fiesta. […] Me acerqué para ver el mitote[3] aquel y vi esto: lo que estamos viendo ahora. Nada. Nadie. Las calles tan solas como ahora.

No son pocos los que aclaman a Juan Rulfo con Pedro Páramo como uno de los padres del Realismo Mágico.




[1] Manta para abrigarse.
[2] Chal que tapa la cabeza y parte inferior del rostro.
[3] Alboroto, fiesta.

martes, 9 de enero de 2018

El placer del descubrimiento: Valeria se transforma.


El personaje de Valeria Santaclara me parece una aportación interesante, como prototipo actualizado de aquellas mujeres a las que se otorgaba por convicción el tratamiento de « la señora» en un entorno doméstico compuesto por: la criada, la doncella, la portera…; señoras, ellas, con cinta de raso en el cuello, vestidas «a la manera» y muy frecuentemente viudas o hermanas de militares de cierta graduación, médicos, o diputados. Valeria viene a ser, a mi juicio, la versión actualizada de aquella buena sociedad.

El orden está para algo, unos arriba y otros abajo, por herencia o por méritos, que yo ahí no me meto, que también los hijos de un obrero pueden hacer una carrera, pero cada uno en su sitio.

Cada uno en su sitio, que, imitando a Serrat sería: la zorra pobre al portal la zorra rica al rosal y

Sorprende al desocupado lector la evolución de Valeria manifestada particularmente el ¿capítulo? 99 y cabe preguntarse el porqué de esa urgencia con –permítaseme– cierto tinte folletinesco,

parecía haber una conjura universal, porque fue empezar a llorar Valeria y oscurecerse el cielo de repente […]  Un trueno seguido de una explosión de gruesos goterones puso la rúbrica.

con el añadido de violencia.

me agarró por el cuello y me miró […] acaso me das tú algo, inútil.

Como en las «pelis» de Alfred Hitchcock, en poco más de cinco páginas Valeria parece transfigurarse, ya no es la mujer de sesudas meditaciones sobre mil cosas, el personaje se transforma con una urgencia que el lector no espera, tal vez sea por le plaisir de la découverte.


jueves, 28 de diciembre de 2017

MATRÍCULA ABIERTA A UN TALLER DE ESCRITURA. La noche que no paró de llover.


Sobre la mesa, algunos papeles emborronados y La noche que no paró de llover de Laura Castañón. La voz sonó a mi espalda:

-Con una sola palabra: cómo definirías la novela?

Tal vez la enigmática mirada de la portada enmarcada en un campo de amapolas, originó la pregunta.

De mujeres, surgió espontánea la respuesta, pero no sirve, son dos las palabras. Memoria por sí sola, define poco, histórica, separada de la anterior no procede y juntas incumplo la condición impuesta: «una sola». Es de mujeres, pero no sólo para ellas –pienso. Se adentra en nuestro pasado próximo, lo que se ha dado en llamar memoria histórica. En el vivir sin vivir de la tercera (o cuarta, qué se yo) edad. En la relación de pareja: costumbrista (Valeria-Alfredo), comprometida (Gadea-Arsenio), entregada (Emma-Laia), creativa (Feli-Guiller). Estos, componentes de un taller de escritura (vínculo con la autora) hacen investigación periodística como medio y fuente para una novela. En algo más de quinientas páginas con paréntesis y párrafos esdrújulos (por la longitud) sentimiento, mucho sentimiento, citas de canciones e  instantáneas precisas de la vida diaria, recorremos una ciudad: Gijón que tras años difíciles, surgió como el Ave Fénix de sus cenizas (frase hecha).

Giro la silla hacia mi interlocutora para encontrarme con sus ojos:

         -¿Con una sola palabra? Ecléctica.

Si no fuese por la condición impuesta añadiría que tiene mucho de lección de vida y matrícula abierta a un taller de lectura.

Lo sé. Lo sé, abuso de los paréntesis. Es un intento premeditado de interactuar con la autora.


lunes, 18 de diciembre de 2017

La noche que no paró de llover


Emmanuel Sougez: Deux amies

Para este desocupado lector cada nuevo libro conlleva nuevas sensaciones. Si el autor –autora en este caso– es conocido y leído la sensación se acompaña de expectación; si por añadidura el espacio que forma parte de la trama: Barrio de la Arena, El Muro, Playa de San Lorenzo, Plazuela de San Miguel, Cimadevilla, Termas romanas, Revillagigedo…, resulta conocido entonces, la fantasía verosímil se desborda y me encuentro virtualmente La noche que no paró de llover con «el irresistible encanto de aquella mujer pelirroja» (pág. 32); perdón, quiero decir con la mismísima escritora: Laura Castañón.


Apenas sobrepasadas unas páginas creo encontrar algunas claves en tono de mensaje de autora: …, la 104, que había quedado libre (quedar libre en una residencia de ancianos tenía su aquel) […] (lista de espera brutal, con aquellos precio, quien lo diría) [...] que no se notara que la desinfección había sido justo antes de entrar. No da buena impresión. […] el taller literario se ha ido al carajo mientras…, […] ellos viven de dar buena impresión…, […] el olor a muerte […] de ausencia y alzhéimer…; remedando a Feli saco la moleskine, la abro y anoto estos y otros detalles, tal vez el tema vaya por ahí, tal vez no, no sé; Valeria es una anciana solitaria; Laia y Emma está llenas de vida; Gijón es un encanto. Dejo al lado las emociones para seguir leyendo. 

viernes, 24 de noviembre de 2017

LA CUESTIÓN TEOLÓGICA EN EL DON JUAN DE ZORRILLA.


“El desenlace de Don Juan Tenorio confrontado con la doctrina católica no resiste al más ligero examen; es algo absurdo, monstruoso y hasta cómico, pero la cuestión es que no hay que confrontarlo. Si el comendador, don Diego y don Luis son las  fuerzas inexorables que abandonan a don Juan, causan su perdición y la reclaman, doña Inés vela por su salvación. Con un gran acierto une Zorrilla la sombra de doña Inés a la del comendador, porque son ellos dos los que se debaten para llevar a don Juan a su lado: a la salvación o la condena”. 
Casalduero Joaquín

La opinión de una autoridad en la materia como Casalduero viene confirmar que las ideas teológicas manejadas por Zorrilla, no han de ponerse en cuestión por cuanto que lo verdaderamente destacable es la eficacia teatral de la obra. La salvación de don Juan en sentido estricto no tiene mayor importancia, pero adquiere considerable dimensión como hecho teatral. No es el mundo sentimental ni ideológico lo que cuenta a la hora de explicar el secreto de la pervivencia de Don Juan Tenorio, sino,  su condición teatral. Mientras exista un escenario, un tablado, un actor y un público que guste del hecho teatral, el Don Juan  de Zorrilla pervivirá no por lo que supone de romántico ni de tipo español, sino por lo que tiene de personaje puramente teatral.


jueves, 16 de noviembre de 2017

MITO, ARREPENTIMIENTO, SALVACIÓN. DON JUAN TENORIO, DE JOSÉ ZORRILLA


Escena de Don Juan Tenorio, en el Cementerio Central de Montevideo.

El mito de don Juan nace en España (sin entrar en discusiones), de la pluma de fray Gabriel Téllez, conocido por su seudónimo de Tirso de Molina. Don Juan, seductor y burlador no pisa por primera vez el escenario seduciendo a una dama, sino tan solo burlándola. Se ha hecho pasar por el duque Octavio para gozar de la duquesa Isabela; y cuando ella se da cuenta de que no es su amado y le pregunta «¿Quién eres, hombre?», él le dará una respuesta que no corresponde a su condición de seductor, sino de burlador: «Un hombre sin nombre». No le queda más que huir porque Isabela empieza a gritar despertando al rey de Nápoles, en cuyo palacio sucede la escena. Así comienza El burlador de Sevilla y convidado de piedra.

La frivolización del mito ha hecho olvidar el trascendente retrato que Tirso de Molina en El burlador de Sevilla hizo de la condición humana mediante ese personaje contradictorio que, empujado por su absoluto egoísmo, enfrenta duramente la esencia del instinto con las creencias religiosas, normas de conducta y leyes –a menudo absurdas– con que el hombre civilizado ha intentado someter ese instinto a lo largo de los siglos.

La acción del Tenorio que se sitúa en Sevilla por los años 1545 últimos del Emperador Carlos V, es trepidante, transcurre en dos noches en consonancia con el dinamismo que define al personaje. En la primera parte don Juan es un joven alocado e impulsivo; en la segunda es un galán maduro pendenciero y apuesto en el que la nostalgia ha hecho mella. El lector, toma así conciencia de que don Juan ha cambiado, ya no es aquel libertino jactancioso sino el arrepentido que por mediación de la amada, ha conseguido vencer al destino. Y aquí conviene destacar como Zorrilla mediante este recurso atrapa al lector. La salvación de doña Inés, depende de la de don Juan. De no arrepentirse don Juan, doña Inés irá al infierno. Paradógicamente, gracias a don Juan, Inés podrá salvarse.

La salvación por amor es la solución cristiana y romántica que Zorrilla dio a su obra y que provocó el entusiasmo del espectador y la popularidad del autor casi de inmediato.


martes, 7 de noviembre de 2017

PURO TEATRO. DON JUAN TENORIO, DE JOSÉ ZORRILLA


Escenografía de la muerte para «Don Juan Tenorio» Salvador Dalí

Nuestra memoria guarda el recuerdo de aquellos Estudio 1 de los años 1968 a 1983, en los que  TVE  reponía la obra de Zorrilla que visionamos desde la perspectiva de espectador. Hoy disfrutada la obra como lector la teatralidad de Don Juan Tenorio nos persigue de manera obsesiva. El Tenorio es: Puro Teatro.

“Corrían los primero meses de 1837, Zorrilla era todavía un desconocido que pasaba los días junto a su amigo y paisano Miguel de los Santos Álvarez, leyendo incansablemente en la Biblioteca Nacional, y las noches en el chiribitil[1]de un cestero. En la Biblioteca les trajo Joaquín Massard la noticia del suicidio de Larra y pidió a Zorrilla que leyera unos versos en el cementerio. Este los compuso aquella misma noche, según cuenta, en su bohardilla a la luz de una vela y con un mimbre afilado que mojaba en el tinte que utilizaba el cestero. En el cementerio de Fuencarral, frente al féretro y al pie de la abierta huesa - como se decía entonces - dieron los poetas su despedida al desventurado "Fígaro". De pronto, un adolescente desconocido comenzó a leer unos versos:

Ese vago clamor que rasga el viento
Es la voz funeral de una campana:
Vago remedo del postrer lamento
De un cadáver sombrío y macilento
Que en sucio polvo dormirá mañana.

A  medida que iba leyendo, cuenta en sus Recuerdos, se me embargó la voz y se me arrasaron los ojos en lágrimas y el marqués de Molíns tuvo que concluir la lectura de mis versos[2]. Al salir del camposanto  Zorrilla era el poeta festejado por todos; González Bravo le llevó al Café del Príncipe, donde conoció a Hartzenbusch y a Martínez de la Rosa. Intimó luego con Espronceda, el periódico El Porvenir le ofreció un sueldo de seiscientos reales y, finalmente, El Español le brindó la vacante dejada por Larra”[3].

El enorme arraigo del  Don Juan de Zorrilla mantuvo hasta hace pocos años la secular costumbre de representar la obra el día de Todos los Santos año tras año, en pueblos y ciudades de España. Las razones del éxito no parecen encontrarse en el dramatismo, el mensaje o el atractivo de sus aventuras, tampoco en que la interpretación del mito de don Juan esté más elaborada que la de otros dramaturgos que precedieron o siguieron a Zorrilla, sino en que es, posiblemente, la más teatral de todas. El pueblo español burgués se vio en ella representado, por lo que podríamos añadir una razón más a las claves de su éxito. En cierto modo la teatralidad viene anunciada en el subtítulo de la obra: “Drama religioso fantástico en dos partes”. A don Juan personaje del Tenorio no le basta con ser conquistador, espadachín, atrevido o burlador. Ha de serlo teatralmente, y este es el gran logro de Zorrilla.




[1] Desván, rincón o escondrijo bajo y estrecho.
[2] Recuerdos de un tiempo viejo Obras completas de José Zorrilla, Tomo II).
[3] Fragmento entrecomillado copiado de: http://www.cervantesvirtual.com/bib/bib_autor/zorrilla/